Por Javier Blanco - La calificadora Standard & Poor´s (S&P) reconoció ayer que con el cierre de la nueva etapa del canje y la adhesión alcanzada, la Argentina dio un paso importante "para normalizar su relación con los mercados financieros internacionales". Sin embargo, no se privó de reiterar que la sola operación no alcanza para que pueda reconsiderar la calificación B- que como emisor de deuda le ha asignado al país, la más baja del sexto (penúltimo) escalón de los siete que conforman su tabla de notas para graficar el grado de confianza que generan distintos emisores. Su definición empañó el optimismo con que el Gobierno interpretó la aceptación del 66% que alcanzó el que podría llamarse "tramo II" del canje, operación que logró regularizar, en total, el 92,4% de la deuda que originalmente cayó en cesación de pagos. La estrategia oficial consiste en tratar de mostrar ante los tribunales internacionales que negoció de "buena fe" dentro de sus posibilidades con los acreedores, de manera de lograr aislar a quienes "tienen una propuesta irrazonable", como explicó anteayer el ministro de Economía, Amado Boudou, en alusión a los denominados fondos buitres, cuando presentó el resultado final de la operación. En esos fondos no lo ven igual. "No creemos que nuestros esfuerzos hayan sido perjudicados de alguna manera por este canje", dijo a la agencia Reuters Suzanne Grosso, abogada de la firma Debevoise & Plimpton LLP, que representa al fondo EM. "De hecho, creemos que estamos mejor ubicados porque ahora quedaron compitiendo menos acreedores", insistió al explicar su lógica. Con el Club de París, pero 1 a 1 Ayer, desde Brasil donde viajó para conversar sobre los diferendos entre ambos países (de lo que se informa en la Pág. 4) -oportunidad en la que recibió una felicitación por el resultado del canje de su par, Guido Mantega-, Boudou ratificó que el objetivo del Gobierno es avanzar en la regulación financiera y dijo estar trabajando para resolver el default con el Club de París, pero volvió a rechazar cualquier "condicionalidad" al respecto del Fondo Monetario Internacional (FMI). "Ahí está el punto al que se le está buscando alguna vuelta", dijo Boudou a Radio La Red tras insistir que "Argentina tiene voluntad de solucionar este problema", a tal punto que anticipó que viene "trabajando en algunas líneas" para cancelar ese pasivo superior a los 6500 millones de dólares. Incluso mencionó la posibilidad de avanzar en acuerdos "con cada uno de los países involucrados" instrumentando "mecanismos de pago en las transacciones de comercio bilaterales". Por lo pronto, la reacción de las calificadoras y los mercados parece sugerir que los inversores esperan que el Gobierno avance en esa agenda pendiente antes de arriesgarse a incorporar más riesgo argentino a sus carteras. Ayer, los bonos de la deuda argentina volvieron a cotizarse mayoritariamente estables o con exiguas alzas, como si se mantuvieran indiferentes al resultado de la operación. Por esta razón y por el aumento registrado por la mayoría de los bonos del de EE.UU. que se toman como parámetro (los que se encarecen ante una renacida aversión global al riesgo), el riesgo país volvió a subir el 1 por ciento, con lo que se mantiene en torno de los 800 puntos. En realidad, el mercado parece hacer suyos los argumentos que esgrime S&P para mantener la baja nota con que califica a la Argentina. De hecho, la calificadora hizo una especie de catálogo en su comunicado de ayer, al resumir las cuestiones que justifican su recelo. Por ejemplo, sostuvo que la posibilidad de revisar esa nota continúa limitada "por la falta de diversidad en las fuentes de financiamiento que el Gobierno tiene disponible", lo que parece una consecuencia directa del fracaso que el Gobierno cosechó en su intención de acceder a fondos frescos (proyectaba hacerse de US$ 1000 millones) en paralelo con la realización del último canje. Además, mencionó el desafío que siguen reopresentando los litigios en curso contra el país por el default de fines de 2001 y los "factores derivados de la dinámica de la política económica interna", punto en el que no casualmente resaltan la falta de credibilidad en las estadísticas oficiales, en especial, en lo que respecta al índice de inflación oficial. La calificadora S&P recordó ayer que la falta de credibilidad en las estadísticas oficiales y, en especial, en el índice de inflación oficial fue lo que la llevó a mediados de 2008 a recortar en dos escalones la nota asignada a la Argentina. "Hasta mediados de 2008, la calificación del país estaba dos escalones más arriba que el grado actual porque, pese al default, la Argentina tenía acceso a los mercados locales de capitales con emisiones de bonos vinculados a la inflación", colocaciones de la que también participaban "inversores extranjeros". "Pero los cuestionamientos sobre la manera en que se medía dicho indicador" la llevaron a recortarla al nivel actual. Cabe recordar que la subestimación inflacionaria, visible por ejemplo, en la brecha que se abrió desde entonces entre las mediciones del Indec y los institutos estadísticos de las provincias, implicó para algunas calificadoras un default encubierto, ya que quitó valor de manera ilegítima a los títulos en pesos cuyo capital estaba indexado por inflación para evitar que se licuara. |