Por Javier Blanco - Otro sacudón en los mercados internacionales puso fin ayer al veranito de precios que vivieron los bonos argentinos en los últimos días, luego de que el Gobierno lograra cerrar satisfactoriamente el canje de la deuda en default, a la vez que se conocían datos que daban cuenta de una vigorosa recuperación de la economía y de una performance de las cuentas públicas mejor que la esperada. Ese combo de datos positivos había logrado que la tasa de riesgo país descendiera levemente (-0,6%) desde que se conocieron los detalles finales de la segunda etapa del canje hasta anteayer, aún cuando reverdecían en el mercado global las señales de aversión al riesgo emergente, moviéndose de acuerdo con esta tendencia y aumentando en igual período poco más de 1 por ciento. Pero ese despegue virtuoso encontró sus límites ayer, cuando los inversores internacionales parecieron tomar conciencia de que la salud de la economía global aún no reluce, en un panorama que deja a la vista más incertidumbres que certezas. Esto no hizo más que accionar una ola de ventas que derrumbó los precios de todos los activos de riesgo (perdió 2,6% Wall Street y se hundió 4,3% Shanghai); las materias primas y las monedas emergentes (aunque resistió bien la soja, ver Pág. 7). Aquí, el Banco Central mantuvo estable el peso, a la vez que derivó recursos hacia los bonos del Tesoro de EE.UU. (considerados un refugio), lo que hizo subir sus cotizaciones y, por ejemplo, comprimió la tasa de rendimiento del título a vencer en 10 años debajo del 3% anual por primera vez en 14 meses. El nuevo movimiento espasmódico en los mercados se accionó por la acumulación de noticias preocupantes con las que se desayunaron. Temprano, un informe sembró dudas, al advertir que China estaría creciendo a un ritmo menor al esperado, panorama que pareció robustecerse cuando además se supo que la producción industrial y el consumo interno habían caído en mayo en Japón, cuando ese país venía de revisar al alza sus proyecciones de crecimiento para 2010 de 1,4 al 2,6%, lo que había generado optimismo. Malas nuevas A esto se agregaron luego los temores por la caducidad mañana de un plazo que el Banco Central Europeo (BCE) le había dado a los bancos de esa región para que le reintegren los 442.000 millones de euros que les prestó el año pasado a tasas mínimas para disipar los riesgo de insolvencia de ese sistema financiero. Pero las renacidas dudas sobre la situación de liquidez que enfrentan hizo que el euro toque un mínimo histórico frente al franco suizo y un mínimo en más de ocho años ante el yen, mientras el costo de los préstamos interbancarios alcanzaba un máximo en 8 meses. La frutilla del postre fue el desplome en la confianza del consumidor estadounidense, que confirma el sombrío panorama que aún muestra la primera economía mundial. Este último dato profundizó la ola de ventas que dejaría entre los bonos locales pérdidas de hasta 5% (los más perjudicados fueron los cupones que venían liderando las subas) y provocaría un alza del 2% en la tasa de riesgo argentino que, así y todo, resultó menor al promedio de suba de la región ( 2,75%) y la mitad de la que registró Brasil ( 4,2%). Sin embargo lo que cuenta es que el cambio de tendencia vuelve a alejar la posibilidad de que el país concrete una colocación internacional para mostrar al fin que logró reinsertarse efectivamente en ellos. |