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| Un año de economía de Kirchner: luces que no despejan las brumas |
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11/05 - 13:07 El Cronista |
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Por Juan Llach - Los indicadores positivos son el crecimiento, la reducción del desempleo, la baja inflación y la mejora del resultado fiscal, entre otros. Las señales de alerta las ponen la magra reducción de la pobreza y el aumento de la deuda y el gasto público. Es bueno ser claros de entrada. El cuadro adjunto, sobre la evolución de la economía del primer año de Kirchner, sería la envidia de cualquier presidente y de cualquier ministro de Economía del mundo. Tales resultados han superado ampliamente todos los pronósticos. Entre los indicadores positivos sobresalen la duplicación de la tasa de crecimiento, con un aumento significativo de la inversión, la baja inflación pese a la intensa remonetización de la economía, la reducción del desempleo y una mejora sustancial del resultado fiscal primario de la Nación. Hay otros indicadores, en cambio, que envían señales de alerta. Ellos son un rebrote de la inflación por ahora pequeño, la magra reducción de la pobreza, el aumento de la deuda pública, un aumento del gasto público mayor que el de la recaudación y el magro crecimiento de las exportaciones. Se trata de problemas manejables, pero a los que las autoridades deberán prestarles mayor atención para prolongar la bonanza.
Hay que tener en cuenta ante todo que la doble amenaza Greenspan-Brasil se ha activado nuevamente. No sólo luce inevitable la suba de las tasas de interés, sino que se ha mostrado muy elocuentemente que sus efectos para Brasil, y por ende para la Argentina, pueden ser críticos. Si estas señales se afianzaran sería aun más urgente dar respuesta anticipada a las principales amenazas que se ciernen sobre la actual bonanza. Ellas son las finanzas públicas procíclicas, la cuestión de la deuda pública, la insuficiencia de la inversión y un posible rebrote inflacionario, cuestiones todas ellas íntimamente vinculadas. Conviene empezar por ese clásico argentino que son las finanzas públicas, el que ha hecho fracasar todas las estabilizaciones y reactivaciones de las últimas décadas. La política fiscal ha sido prudente desde 2002, pero en los últimos doce meses el gasto primario ha crecido 42% contra sólo un 29% de la recaudación. Esta orientación se ha confirmado en estos días, con aumentos de salarios e inversiones que indican que el superávit primario excedente no se va a ahorrar, sino a gastar. Es un error, porque acentúa la prociclicidad del gasto, y es urgente por ello acordar la Ley de Responsabilidad Fiscal que, sin embargo, aparece por ahora casi tan problemática como la de Coparticipación.
Decisiones fiscales
Las decisiones fiscales recientes complicarán seguramente la reestructuración de la deuda pública, aun cuando pueden contrapesarse si se confirma la decisión de aumentar el superávit primario nacional del 2,6% al 3% del PIB. Ha cesado, afortunadamente, la agresividad hacia nuestros acreedores, pero todavía no parece entenderse lo importante que es para el país llegar a un acuerdo. Sorprende que así sea, porque esto puede comprobarlo cualquiera que haya tenido la oportunidad de tomar contacto reciente con extranjeros influyentes en la opinión pública de sus países. Tenemos muy mala imagen, sobre todo por nuestra imprevisibilidad. Y mientras ella perdure será insuficiente la inversión requerida para crecer y sentar sólidas bases del nuevo modelo productivista que desea implantarse. En igual sentido opera el gigantesco malentendido de los servicios públicos. Por otro lado, el emblema del modelo en ciernes es mantener un peso depreciado, a pesar de que todavía no ha podido mostrarse que por ese camino se obtenga la competitividad sistémica capaz de inducir un crecimiento sostenido de las exportaciones, y a pesar de que por esa vía se complican la deuda y las tarifas. En esta materia, es cuestionable el comportamiento del Banco Central en los últimos días, cuando a pesar de la tendencia más compradora del mercado de cambios y del aumento de la inflación interna y externa, continuó comprando dólares como si nada hubiera pasado. No es lo mismo una política de metas de inflación en países de larga tradición de estabilidad que en casos totalmente opuestos como el de la Argentina, en los que es muy peligroso tentar a la inflación. El Banco Central bien podría haber permitido una mayor apreciación del peso en este segundo trimestre, para contrarrestar las tendencias inflacionarias y que se habría corregido espontáneamente a partir del tercer trimestre. Todo lo dicho no invalida que la Argentina sigue teniendo una gran oportunidad para transformar esta bonanza en un crecimiento sostenido. Pero sí pone de manifiesto que, para lograrlo, una agenda densa y urgente espera a los próximos tres años de la presidencia Kirchner. |
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