Pocas son las opciones que tienen los inversores para no salir corriendo a hacer stock de colitas de cuadril o milanesas de nalga. Quizás, una de ellas es que el insuficiente tamaño del freezer. La otra, es que incluso algunos ya hacen foco en lo que dejó el fútbol criollo d.m. (después de Messi) y, de puro conservacionistas, se largan a limpiar ese vhs con los goles de Maradona en el 86 a la espera de que suba su precio.
Sin embargo, en ese pandemónium criollo que se recicla en forma permanente, conviven algunas alternativas que se acomodan perfectamente a la categoría de “peor es nada”.
El caso emblemático de este movimiento que postula que “incluso aún peor es perderlo todo” tiene como baluarte indestructible la práctica sin red del plazofijismo, un deporte de acción rápida y resultado lento, que combina aventura, misterio, acción, y mucha adrenalina.
Las tasas que hoy se pagan por un plazo fijo mayorista (más de $ 1 millón) varían de acuerdo a cada entidad pero se afianzan por encima del 10% anual. Ocurre que el entusiasmo de los depositantes que lo practican crece en paralelo con la confianza que despierta un tipo de cambio que se mueve poco. Si bien las tasas del Plazo no resisten una comparación con la inflación real, hay quienes se conforman con perder menos en lugar de ganar algo.
El “factor” Marcó del Pont es esencial en este entramado de esperanza (¿ciega?) del comportamiento inversor que comparativamente, responde más al dólar que a la inflación. En la plaza local, la moneda estadounidense se mantiene más firme que Walt Disney on the rocks y desde el Banco Central secretean –pero ¿por qué tanta discreción?– que la intención es empujarlo unos centavos en julio, en línea con lo pautado en el programa monetario. Esto implica seguir a rajatabla el presupuesto de Mr. Boudou, que pronostica un tipo de cambio promedio para el año de $ 3,95, lo que empuja las especulaciones de tener en diciembre un valor para el dólar en $ 4,15, algo que confirman los contratos a futuro de dólar donde también interviene el BCRA.
¿La estrategia para el inversor? Hacer depósitos a corto plazo, mes a mes si se puede, para aprovechar cualquier variación alcista que pueda experimentarse. Por otra parte, la industria sigue trabajando. En las últimas semanas, algunas entidades han empujado nuevos productos a la góndola. Una de ellas ha diseñado un plazo fijo que está vinculado a la evolución en el precio de la soja: en rigor, el interés es variable y tiene un techo del 20%. Se toma fecha de inicio y fecha final a los 180 días y se hace la cuenta. Para los indecisos, el plazo fijo recomendado es el “precancelable”.
Tirando paredes
Mientras tanto también hay quienes tienen depositadas sus pupilas sobre el mercado inmobiliario. Y lo curioso, es que el puente para llegar al ladrillo está hecho de fideicomisos. Este instrumento es utilizado para armar una participación colectiva de inversión, donde el inversor comparte el riesgo junto a otros de concretar un proyecto. Hay un administrador (fiduciario) y en muchos casos resulta más barato que sacar un crédito hipotecario al tiempo que, gracias a la escala que se logra, es posible realizar proyectos inmobiliarios que de otra manera serían imposibles. Rascando con la uña curiosa, este tipo de propósitos pide entre 20 y 30% del dinero al comienzo –aunque hay quienes participan con otro activo– y luego se realizan aportes durante 24 meses en promedio que en muchos casos están atados al costo de la construcción. La rentabilidad del proyecto ronda el 30% en dólares, es decir 15% anual.
También hay quienes se han arrimado con cierta cautela a bonos y acciones. Aquí algunos títulos se han alzado con el reinado de las recomendaciones, potenciando al Boden 2015 como la ecuación ideal entre riesgo y rentabilidad. Saltándose la eterna pregunta sobre el potencial default argentino (hay que hacérsela hasta por cábala) este título está nominado en dólares, tiene baja volatilidad porque tiene un vencimiento cercano y se descuenta que el Gobierno tiene fondos para pagarlo, además de tener una tasa interna de retorno de casi 13%.
Para los que son más inquietos y que son acérrimos opositores al movimiento neo-plazofijista, entonces existen los fondos comunes de inversión. Aquí uno puede elegir invertir en un fondo de acciones, bonos minimizando los riesgos ya que se compran cuotasparte que contienen una “muestra” representativa del grueso de los activos.
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