Por LEANDRO GABIN - Desde junio del 2005, cuando se emitió el decreto 616, la Argentina impone un encaje obligatorio del 30%, por un año y no remunerado, a los fondos ingresados desde el exterior. La persistencia de estos controles hizo que el año pasado la plaza local fuera rebajada a la categoría de “mercado de frontera”, un estatus que comparte con países como Jamaica, Kuwait, Estonia, Sri Lanka, Vietnam y otras veintitrés naciones. En el interín, los números del mercado local se desinflaron y la alejaron aún más del promedio del mundo emergente: la capitalización de mercado de Argentina está muy por debajo del promedio de los emergentes, incluso menor a otras plazas comparables como Perú. Es más, el valor de mercado este año cae 29% en dólares en el primer semestre. La distancia entre Argentina y los emergentes se amplifica en cuanto al volumen negociado.
Así las cosas, que mañana estén nuevamente cara a cara Adelmo Gabbi –presidente de la Bolsa de Comercio– y la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en el marco del 156 Aniversario de la institución bursátil, genera expectativas. Se reflotará el pedido de levantar la traba al ingreso de capitales, si bien hay altas chances de que la respuesta no sea satisfactoria. En círculos financieros dicen que el impuesto perjudica notablemente no sólo al mercado, sino al país mismo. Calculan que considerando el tamaño de la economía argentina, el país debería duplicar el flujo de capitales provenientes del exterior. Dicen que el flujo neto de capitales del exterior asciende a u$s 7.500 millones y debería trepar casi u$s 6.000 millones más. El promedio para América Latina (excluyendo Argentina) es u$s 10.000 millones. O sea, lo que recibe la plaza local es 25% inferior al promedio latinoamericano. De ahí, los constantes pedidos para levantar los controles de capitales.
El argumento de los hombres ligados al mundo bursátil es que el mercado local tiene potencial. Ranqueada en segundo lugar en términos de ingreso per cápita, Argentina es la tercera economía de América Latina representando casi 10% del PBI de la región. Sin embargo, la capitalización bursátil representa tan sólo 2% del valor consolidado de América Latina: Brasil tiene alrededor de 60%, México posee 17%; Chile ostenta 11% y Colombia 7% por ejemplo.
Esto demuestra la baja preponderancia que tiene el mercado de capitales en el país. Que se permita el ingreso –irrestricto o condicionado– de los fondos del exterior ayudaría a apuntalar el desarrollo de la plaza doméstica.
Un argumento es que mayor volumen garantizaría que nuevas empresas salgan a cotizar en la plaza, un camino que desde la última oferta pública de acciones relevante (Consultatio, de Eduardo Costantini) pocas han recorrido. La estatización de las AFJPs, en 2008, terminó de sepultar a la plaza local, quitando el único jugador importante que quedaba.
Sin inversores del exterior y sin AFJP (la cartera de la ANSeS hace muy poco trading), la última pata recae en el inversor minorista. Tanto los directivos de la Bolsa como la CNV y las entidades bursátiles tienen hace tiempo la idea de enfocarse en el pequeño ahorrista, una tarea por demás difícil.
Según una encuesta de la CNV con personas que hayan podido ahorrar en los últimos 3 años, el 78% no sabe de inversiones y el 70% no conoce el mercado de capitales. Sólo el 8% realizó una inversión en el mercado de capitales. Con ese panorama, la búsqueda de inversores (y más importante, aumentar el caudal de negocios) es vital para una plaza anémica.
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