Por Hernán de Goñi - Aunque los desórdenes climáticos que sufrió Rusia en las últimas semanas ya habían causado un impacto visible en el precio de las commodities, nadie esperaba que la situación se agravara al punto de que dicho país decidiera cerrar sus exportaciones de granos hasta el 31 de diciembre. Esta situación instala, de mínima, firmeza tanto en los precios como en la demanda. Y si bien la Argentina no tiene chance de capitalizar en mayor medida este escenario (no hay chance de incrementar el área sembrada con trigo) la cosecha doméstica se revalorizará aún más.
Aunque los Kirchner insisten en presentarlo como uno de sus adversarios favoritos, el campo continúa siendo uno de los principales motores de la economía. La soja arrastra un rally alcista desde principios de junio, y la cotización para mayo de 2011 está por arriba de los u$s 370 dólares, cuando un mes atrás los valores a futuro de Chicago estaban por debajo de u$s 340.
De hecho, el aporte del sector agropecuario en la notable recuperación que tuvo el PBI en el segundo trimestre del año (que el Estudio Broda calculó en 10,3%) fue de 60%, gracias a un aumento de más de 50% en las toneladas producidas por el campo frente a 2009. En el segundo semestre, que para el cálculo de Broda el crecimiento alcanzado fue de 8,9%, el agro puso el 20% de ese crecimiento, contra 25% generados por la industria y el comercio.
El mundo tuvo en este primer semestre del año, una recuperación lenta. Y hay pocos elementos que permitan inferir que este ritmo mejore. En Estados Unidos el desempleo muestra una resistencia mayor a la esperada, y eso afecta el estado de ánimo de los consumidores, con la chance incluso de que juegue negativamente para Barack Obama en el turno electoral de noviembre. La estimación es que el PBI estadounidense se mueva en torno al 3%, pero también puede ser menos.
El dato positivo para la Argentina es que si bien China y Brasil también están en un proceso de desaceleración, las tasas con las que marchan sus economías todavía son altas. El gigante asiático podría cerrar el año con 10% de crecimiento, y nuestro vecino con 7%. Eso asegura continuidad en la demanda de commodities agrícolas y de bienes industriales, respectivamente. Si bien China está tratando de retirar muy gradualmente algunos estímulos y Brasil se encamina a un proceso de renovación presidencial, ambos continúan con muy buen pronóstico.
Hay una referencia climática que merece ser tenida en cuenta. Porque la sequía que hoy afecta al hemisferio norte, puede llegar al sur. El fenómeno de La Niña todavía no puede ser predecido con extactitud, pero es obligatorio tenerlo en cuenta.
Cuando se mira desde la política el peso que hoy tiene el campo en la economía y en los ingresos fiscales, lo primero que se percibe es que a medida que su aporte crece, las discusiones que motoriza la oposición en el Congreso (como la baja de las retenciones o el aumento de las jubilaciones) se volverán más difíciles.
En este marco, hay un dato clave a ser tenido en cuenta: el consumo mostró en junio el inicio de una desaceleración, producto de varios factores. Por un lado, los promotores del ciclo “ahorro por electrodomésticos” empezaron a mostrar mayor cautela. Y con el dólar planchado, muchos están volcando sus excedentes al billete verde. Otro factor que incidió es la menor oferta de energía, que también se tradujo en un leve enfriamiento industrial en sectores de alto impulso (siderurgia, petroquímica). Cuando los números del 2010 se alejen del extraordinario segundo trimestre y tengan que resistir la comparación con los últimos meses de 2009, habrá menos disposición entre los agentes económicos para tolerar la pulseada alegre en torno a los recursos públicos que hoy protagoniza la clase política. |