Por IGNACIO OLIVERA DOLL - La menor presión sobre el dólar dio lugar a los banqueros a relajarse en sus esfuerzos por mejorar el retorno a los ahorristas y la expectativa “alcista” que existía sobre las tasas de los plazos fijos hasta hace un mes empezó a desaparecer en las últimas semanas.
Los banqueros y analistas locales reconocen que el “alentador” ascenso que habían mostrado durante el segundo trimestre del año quedó interrumpido desde mediados de julio pasado. Y es más, que con una tasa tan mezquina para los “plazofijistas”, empezará a diluirse ahora la posibilidad de que, en adelante, el sistema financiero actúe como un buen freno frente a la inflación local.
La tasa Badlar que pagan los bancos privados había subido del 8,81% al 10,43% sólo entre principio de mayo y julio. Pero desde entonces se mantuvo prácticamente estable, oscilando entre el 10% y el 10,5%.
El miércoles, incluso, llegó a tocar un mínimo en dos meses, al cerrar en 9,8%.
“Está todo enmarcado en el exceso de liquidez y en la quietud del tipo de cambio. No hay demanda de crédito corporativo, que es el de mayor volumen en el sistema, porque todavía hay poca confianza para emprender inversiones y proyectos”, explicó a este diario el gerente financiero de un banco privado.
El tipo de cambio prácticamente “fijo” que para estos meses decidió mantener Mercedes Marcó del Pont sirvió al mismo tiempo para desalentar la devaluación esperada.
La tentación a volcarse al dólar empezó a disminuir y con ella, también la necesidad de las entidades financieras de subir las tasas pasivas para no perder sus depósitos. “El mayor ingreso de dólares del último mes planchó más las expectativas del tipo de cambio. Y a eso ayudaron también el mejor escenario internacional y el efecto del canje. Para esta altura habíamos visto una Badlar más alta que la que vemos ahora”, cuenta el economista Federico Bragagnolo, de la consultora Econviews.
En su estudio habían previsto, hace unos meses, una tasa para depósitos mayoristas de 13,5% a fin de año, que debieron corregir con el nuevo escenario a 12,5%.
Con esa premisa, y suponiendo que los efectos sobre la inflación se verían afectados, modificaron también el índice previsto para la suba de precios: desde el 22% al 25% anual.
Los futuros de tasa en el MAE reflejan esas expectativas de estabilización sobre las tasas: sólo en 30 días, el contrato de la Badlar a fin de año cayó de 12,7% a 11,67%; y el de doce meses, de 15% a 13,88%.
Se notó, además, una caída en el volumen operado, a sólo $ 311 millones en la primera semana de agosto, que reflejaría una menor necesidad de los bancos de cubrirse frente a las variaciones de las tasas.
“Lo malo es que la inflación sigue subiendo, y obviamente, hay una vinculación entre las tasas y los precios. Con este nivel de tasas, sin duda se incentivará la inflación”, se anima a advertir Bragagnolo. Y estima, en los próximos meses, que el Banco Central se mostrará más dispuesto a subirlas “para bajar los agregados monetarios y poder cumplir con el programa monetario”. Concretamente, en un banco local estiman que es posible que las tasas de los plazos fijos suban entre uno y dos puntos hacia fin de año, y que eso alejaría a su vez la posibilidad de reducir las tasas activas: “Si la tasa activa baja, el spread total se resiente”, dicen. |