Por Horacio Riggi - El último aumento del precio de las naftas, que elevó la súper a $ 4, puso a las petroleras otra vez en el ojo de la tormenta. En otras palabras, pasaron otra vez a ser los malos de la película.
De hecho, si se tiene en cuenta que ya se paga lo mismo en dólares ahora que en los ‘90 para llenar el tanque, o que en Estados Unidos la nafta es más barata que en la Argentina, la situación puede generar impotencia. Sin embargo, cuando se analiza de dónde surgen los precios y se los compara con lo que se paga en la región, la película puede ser otra.
En primer lugar, es cierto que los precios de los combustibles en la Argentina, después de estar pisados por el Gobierno, se liberaron. Tal situación hizo que la inflación reflejada en las naftas fuera superior a la registrada en el resto de los bienes transables.
Lo que también es cierto es que los contratos a futuro para comprar petróleo (varias de las petroleras instaladas en la Argentina compran crudo que luego refinan para vender) están en alza. En este sentido, y según datos del mercado, los contratos que se cerraban a u$s 42 hoy tienen un precio diferente, por el aumento del precio del petróleo a nivel mundial y porque el Gobierno dejó de poner el ojo en el control de estos precios, como lo hacía cuando el precio del crudo superó los u$s 140, allá por 2008.
A grandes rasgos, la situación es la siguiente. El precio internacional del petróleo ronda hoy los u$s 70 el barril, pero en la Argentina, por el impuesto a los derechos de exportación (retenciones), los productores de petróleo (Pan American Energy y Chevron, por ejemplo) les cobran a los refinadores (Shell y Esso, por ejemplo), alrededor de u$s 50. Es decir, a u$s 50 dólares el negocio le cierra a los productores y a los refinadores. Si el Gobierno levanta las retenciones, en el mercado coinciden en que se exportaría toda la producción posible y estaría en serio riesgo el abastecimiento local. Ahora bien, a los refinadores pasar a pagar el precio de la materia prima de u$s 42 a u$s 50 les resulta viable si aumentan los precios en los surtidores. Esta es una de las explicaciones de la suba de la nafta. Pero hay otras.
Las empresas reconocen que la nafta que se paga en la Argentina es más cara hoy por hoy que la que se paga en Estados Unidos. La defensa que esgrimen es la siguiente: en Estados Unidos la carga impositiva varía entre el 10% y el 12% promedio. En la Argentina, si se tiene en cuenta el Impuesto a la Transferencia de Combustibles (ITC), más la tasa hídrica, por cada litro de nafta el consumidor paga 65% de impuestos. A este esquema también hay que agregarle el IVA más los ingresos brutos en caso de ser consumidor final. Con todo, de los $ 4 por litro que se paga, más de $ 2 son impuestos.
Por otro lado, las empresas tampoco niegan que el precio de la nafta ya es igual a lo que se pagaba en los ‘90, cuando la economía argentina estaba atada a la convertibilidad. La salvedad que se hace en este caso es casi obvia: en los ‘90, cuando se privatizó YPF, el barril de petróleo estaba en u$s 15 y hoy, el precio internacional llega a u$s 70.
Entre tanto, y más allá de los aumentos reiterados, en la Argentina (que es un país con petróleo y no un país petrolero), la nafta es más económica que en países de la región como Chile y Brasil. De todos modos, los consumidores y los estacioneros (cerraron alrededor de 4.000 estaciones en los últimos años) parecen ser quienes pagan las consecuencias por los aumentos de la nafta. |