La quietud del dólar en la Argentina, que actualmente tiene que ver con la imposibilidad del Banco Central de empujar el tipo de cambio más arriba, se empieza a reflejar en los informes de los grandes bancos de Wall Street. Los mismos que antes,preveían que el dólar llegaría a fin de año a $ 4,30.
Según una encuesta de Bloomberg, los economistas de los bancos están moderando sus pronósticos de devaluación del peso –llevando la proyección promedio para fin de año a su nivel más alto en cinco meses–, convencidos de que así se buscará evitar que se dispare la inflación.
El peso caería 5,7% a $ 4,17 por dólar para fin de año, según la estimación de 13 economistas en una encuesta realizada por Bloomberg. Cálculos anteriores situaban al dólar en $ 4,2.
Esto sucede después que Barclays Capital cambiara su cálculo a $ 4,13 desde $ 4,3 y JPMorgan Chase revisara su perspectiva a $ 4,10 desde $ 4,25. Parte del argumento de los banqueros de Wall Street es que la aceleración del crecimiento y el alza de los precios de las materias primas llevaron la inflación a 11,2% en julio, la más alta en cuatro años, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).
El peso se debilitó 3,4% este año debido a las compras de dólares efectuadas por el Banco Central que elevaron las reservas a una cantidad sin precedente de u$s 51.000 millones el mes pasado.
“Actualmente el Gobierno prioriza el papel de la moneda como un amarre para las expectativas de inflación por sobre su papel de mantener una alta competitividad”, dijo Vladimir Werning, economista de JPMorgan, en una entrevista telefónica desde Nueva York a Bloomberg.
La caída del peso lo convierte en la moneda de peor desempeño entre seis divisas latinoamericanas importantes rastreadas por la agencia. El real brasileño, por ejemplo, cayó 0,6% en el mismo período, en tanto el peso colombiano se disparó 12%.
“El intercambio comercial de Argentina con Brasil puede ayudar a detener la caída del peso”, dijo Douglas Smith, principal economista para América en Standard Chartered Bank en Nueva York.
“Mientras que el real se fortalece, el peso gana competitividad, de modo que eso da al peso un impulso sin que el Gobierno debilite la moneda”, añadió Smith. |