Por Jorge Oviedo - La economía argentina mueve enormes cantidades de efectivo y, entonces, no es extraño que los delincuentes se orienten a las salideras bancarias, a irrumpir en domicilios y a probar suerte como boqueteros. La Argentina tiene no sólo una enorme circulación de pesos, sino también cantidades enormes de efectivo en moneda extranjera, básicamente dólares. Las razones son varias:
En el país, quien cobra un sueldo que le permite vivir y ahorrar seguramente paga impuesto a las ganancias. Si incrementa su ahorro o se capitaliza por encima de un cierto nivel, también debe pagar impuesto a los bienes personales. Si adquiere un inmueble, está alcanzado por el mismo tributo y, además, por los que gravan a los inmuebles en provincias y municipalidades. Y en la provincia de Buenos Aires, si lo transfiere o se lo lega a los hijos, se debe pagar, además, otro tributo. En una economía donde los precios al consumidor de la mayoría de los bienes tienen una carga impositiva de por lo menos el 30 por ciento, la tentación de evadir es enorme. Además, en la economía en blanco hay pocos incentivos para hacer transacciones por otros medios cuando las cifras son más o menos importantes, aunque no se evada ni eluda nada. Si se paga con cheques, hay un tributo, y bastante alto. Y hay muchas operaciones en las que no se pueden hacer transacciones electrónicas porque quien cobra no las admite. Una operación inmobiliaria es un problema mayor. Recién ahora los bancos parecen dispuestos a organizar, junto con escribanos y el Gobierno, algún mecanismo que posibilite hacer la transacción electrónicamente, sin la primitiva -y peligrosa- necesidad de tener que poner miles de dólares sobre la mesa. En algunos casos, los clientes también se quejan de que las comisiones bancarias por transacciones electrónicas son demasiado onerosas. Y en general, cuando las personas hacen una operación importante para sus presupuestos, como la adquisición de un automóvil o una vivienda, suelen llegar con lo justo y no tener excedentes para más pagos extras. * * * Hay otros aspectos que sorprenden. Por ejemplo, que no se pueda en un registro de la propiedad automotor de la provincia de Buenos Aires pagar las altas imposiciones que allí se cobran con tarjeta de crédito o de débito. Los cheques, además de la desventaja del impuesto, tienen para los particulares la enorme desventaja de la desconfianza. La Argentina ha tenido también una triste historia de "cheques voladores" que nunca podían cobrarse. En cambio, es común ver pagar hasta la compra del supermercado con ese instrumento en Inglaterra y en los Estados Unidos. Claro que en este último caso hay menos lugar a la desconfianza, porque un cheque sin fondos implica, para el emisor, multa, cárcel o incluso la suma de ambos castigos. En ciudades como Nueva York es posible incluso pagar el taxi con tarjeta de crédito. Mientras en la Argentina se continúe utilizando una cantidad tan grande de efectivo y no se apliquen los incentivos adecuados para que ello no ocurra, los ladrones de salideras, los boqueteros y los que irrumpen por asalto en domicilios que creen ocupados por familias adineradas tendrán un estímulo para seguir actuando. - Las transacciones, además, se hacen en efectivo, en todo o en parte, muchas veces para evadir o eludir impuestos, que en el caso de los capitales suelen ser muy altos.
- Con el bajo nivel de las tasas de interés en dólares también hay escasísimo incentivo para depositar en esa moneda.
- El público desconfía de la moneda nacional, tras sucesivos episodios inflacionarios. Y particularmente desconfía de los depósitos en pesos, que fueron incautados varias veces en las últimas décadas.
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