Por Emilio J. Cárdenas - La estructura productiva china está cambiando. Rápidamente. Hasta ahora estaba instalada fundamentalmente a lo largo del cinturón de ciudades del litoral marítimo. Hoy está, en cambio, incorporando al interior del país como nunca hasta ahora.
De esta manera podría haber comenzado un proceso que apunta a reducir la significativa diferencia de ingresos existente entre ambas regiones de un mismo país. En la costa los ingresos son tres veces superiores a los del interior del país, situación que ha estado generando intensos movimientos migratorios que, por su dimensión, amenazan con transformarse en un aluvión humano hacia las urbes, sin precedentes en la historia económico-social del mundo.
En China, acaba de producirse un aumento generalizado de los salarios del orden del 20% que en algunos lugares (como la provincia de Quinghai, en el noroeste del país) llega al 28,8%. Esto supone niveles salariales de unos 85 dólares por mes. O sea, ingresos aún muy bajos. En Shanghai, el corazón del milagro económico chino, los salarios locales ya están en casi los 150 dólares mensuales. Casi el doble, entonces.
Esas diferencias de ingresos -no menores- han provocado recientemente una ola de conflictos gremiales sin precedentes en China, paralizando las fábricas de empresas como Honda y Toyota, así como las de la industria autopartista y las del conglomerado gigante Fozconn, el grupo manufacturero más grande de China. El resultado ha sido precisamente el fuerte aumento salarial aludido, que de alguna manera se trasladará a los precios. Por esto el aumento de la inflación que oficialmente está en el 3,5% anual, pero que para los consultores privados se ubica en el 4,7%, nivel cercano al 5% que las autoridades chinas consideran “intolerable”. De allí el rumor de suba de las tasas de interés.
Si a ello sumamos el fortalecimiento del yuan, las reglamentaciones para evitar que continúe la degradación del ambiente y la decisión de evitar mantener una fuerte sobrecapacidad productiva, parecería que el exitoso modelo chino de producción a bajo costo, hasta ahora imbatible, puede estar sufriendo un importante remezón.
Por esto la tendencia en el sector productivo hacia mudarse al interior del país para aprovechar los salarios, aún más bajos, que allí existen. Lo que se suma a un aumento de la automatización de los procesos industriales, sin precedentes. Todo con el propósito de bajar el costo de producción.
Al mejorar de esta manera la capacidad de compra de los habitantes del interior del país, China ha puesto en marcha una estrategia que apunta a reducir su actual dependencia de las exportaciones, generando una enorme demanda doméstica. Así lo sugiere una red de incentivos para el interior que se ha puesto en marcha, con la que apunta a modernizar la infraestructura de transporte y las comunicaciones, en general.
Ocurre que, además, la oferta laboral china está reduciéndose, generando algunos cuellos de botella. Los años de una política que incentivara las familias con un solo hijo comienzan a hacer sentir sus inexorables efectos demográficos. Y obligan a aprovechar los diferenciales de salarios, al máximo posible.
Todo sugiere, queda visto, que China está haciendo un esfuerzo consciente en procura de reducir su dependencia del comercio exterior y de las inversiones externas. Esto supone disminuir su vulnerabilidad a los ”shocks” externos.
Una gigantesca demanda doméstica está comenzando a despertar desde el interior de China impulsada por el repentino mejoramiento de los ingresos de sus trabajadores antes referido, lo que además -estimulando la aparición de una nueva geografía económica- podría (i) evitar la acelerada (y desordenada) urbanización del cinturón costero; (ii) generar una nueva distribución de la densidad de la actividad económica productiva; y (iii) permitir que la población del interior permanezca sustancialmente en sus lugares de origen, donde empiezan a aparecer oportunidades laborales que hasta ahora simplemente no existían.
De esta manera millones de habitantes del interior de China podrían incorporarse, de pronto, a los 500 millones de chinos que, por vivir en las ciudades de la costa han salido de la pobreza como consecuencia del “milagro económico chino” producto del capitalismo. En el 2009, la mitad del PBI chino estuvo ya conformado por la actividad económica estrictamente doméstica. Este año esa participación superará claramente a la derivada de las exportaciones. Todo un cambio estructural que no debe pasar desapercibido. |