Por: Pablo Wende - El dólar subió un centavo más en las casas de cambio y quedó al borde de los $ 4. Ayer, las pizarras mostraban sobre el cierre el nivel de $ 3,99, lo que representa un incremento de dos centavos en las dos últimas jornadas, es decir, un 0,5%.
Un dato clave es que el Banco Central no intervino en la rueda mayorista: ni compró para impulsar el precio ni vendió para frenar la suba, que fue prácticamente marginal. No obstante, que la divisa esté a punto de tocar el nivel de $ 4 genera un impacto psicológico entre los ahorristas y las empresas.
La suba de las pizarras fue, en realidad, un reflejo de lo que sucedió en el mercado mayorista, donde la cotización quedó en $ 3,973, 30 milésimas por encima de la jornada anterior.
Si bien el BCRA dejó «deslizar» la cotización, no debe verse en este movimiento un cambio en la tendencia de fondo o una faceta distinta de la entidad que preside Mercedes Marcó del Pont. La oscilación responde más a los típicos movimientos que se producen a fin de mes que a un potencial cambio de la política monetaria.
En realidad, se notó una mayor concurrencia de importadores y bancos, que deben cerrar posiciones vinculadas al fin de mes, sólo que en esta oportunidad es menor la oferta de divisas por parte de los exportadores sojeros. También deben terminar de desarmarse operaciones vinculadas a los contratos de dólar futuro, que por lo general provocan un incremento en la demanda a esta altura del mes.
Mientras que el dólar finalizó en $ 3,95 para la compra y $ 3,97 para la venta, resultó todavía más relevante el salto de la cotización del euro contra el peso: la moneda única ya se cambia a $ 5,31 y $ 5,40, un salto de seis centavos en relación con la rueda anterior.
La leve suba del dólar se da, en realidad, a contramano del mundo, ya que la divisa se sigue debilitando contra prácticamente todas las monedas. De esta forma, la recuperación de la competitividad cambiaria (muy leve) se consigue no sólo por el incremento del tipo de cambio local, sino, al mismo tiempo, por la debilidad del dólar contra prácticamente el resto de las monedas del mundo (en particular, la de los mercados emergentes).
La política del BCRA, en este contexto, seguirá priorizando la rentabilidad en pesos. Esto significa que los plazos fijos en moneda local continuarían siendo mejor negocio que comprar dólares. Por lo tanto, si la tasa de interés se ubica en un 10% anual, éste sería el techo para la cotización del dólar a un año. Las tasas de los futuros del dólar también se ubican en valores muy cercanos a ese nivel.
¿Qué puede pasar hasta fin de año? Habrá menos liquidación de exportadores, por lo que es probable que cierta tendencia alcista se mantenga. Y difícilmente el Central esté dispuesto a vender, si el mercado continúa tranquilo.
El límite para la suba, en todo caso, serán las tasas. Desde ese punto de vista, el dólar no debería subir más del 2,5% hasta fin de año, lo que ubicaría la cotización no muy lejos de $ 4,10 a fin de diciembre.
La inflación es, por supuesto, el otro elemento fundamental para determinar qué puede suceder con el tipo de cambio. En la medida en que continúe el ritmo de suba de precios y que el dólar no se mueva, se profundiza el atraso cambiario.
Pero generar una suba más brusca del dólar también ocasiona otros problemas: desconfianza de los ahorristas (lo que se puede traducir en una dolarización de las carteras). Pero, al mismo tiempo, también podrían desatarse más presiones sobre los productos importados, algo que el Gobierno buscará evitar en un año electoral. |