El Gobierno intentaba con sus abogados estadounidenses una estrategia que despejara este riesgo. Solicitar al juez Thomas Griesa que aplicara a esta suerte de "quiebra soberana" el mismo criterio que rige para las reestructuraciones de deudas entre privados. Allí si un acuerdo de refinanciación ha sido aceptado por la mayoría de los que reclamaba, el resto debe allanarse a esas condiciones y pierde el derecho a seguir litigando.
Pero, según cuentan fuentes involucradas en las tratativas, "lo que está tan claro para las cuestiones entre privados, no lo está cuando hay un Estado involucrado, con lo cual el resultado es incierto". Demasiado riesgo frente a un grupo de acreedores muy agresivos, con muy buenos contactos y excelentes abogados, como los fondos buitres, que podrían frustrar la compleja ingeniería que se había diseñado para impedir un embargo.
Por eso la estrategia cambió. Ahora es arreglar primero con el Club de París. Y para eludir al Fondo Monetario Internacional, la idea es pagar en cuotas, pero pocas. Siempre apelando a las reservas.
Con la deuda con el Club de París regularizada, la Argentina mostraría una proporción mayor todavía de los pasivos regularizados. "Una decisión favorable de la justicia de los Estados Unidos sería todavía más probable", dicen los informantes.
Además, en ese caso muy probablemente podría reabrirse el canje para que entrara una parte de los que todavía no aceptaron. "Esa clase de negociación es hoy en día posible, pero improbable; en cambio, si se acordara con el Club, sería mucho más fácil", dijeron las fuentes.
La lógica es que "si los acreedores ven que quedan en posición muy minoritaria y con menos probabilidades de obtener embargos, preferirán un arreglo pacífico".
Si hubiera apelado a la colocación en los mercados, el Gobierno no sólo se arriesgaba a sufrir un embargo y padecer un papelón internacional. Además, terminaría pagando una tasa de interés que sería el doble de la que pagó Brasil recientemente. Incluso un éxito no habría sido demasiado beneficioso.
En cambio, descuentan, con la deuda con el Club de París arreglada, las tasas que se reclamen a la Argentina resultarán bastante más bajas.
También se abrirían rápidamente, calculan, líneas de crédito para la adquisición de equipamiento y maquinaria a Japón, Alemania y Estados Unidos. Son países que tienen liquidez, problemas de actividad y empleo, y a los que exportar más les vendría muy bien.

