| Por: Marcelo Zapata - Berlín - Había un jugoso bife de lomo sobre la mesa, pero ni Cristina de Kirchner ni Angela Merkel probaron bocado. Era la misma carne que la Argentina hoy no puede exportar a Alemania, uno de los entuertos entre los dos países que se debatieron ayer en la reunión que sostuvieron ambas mandatarias, las dos de carácter fuerte y áspero, y en la cual hubo más tensión que resultados concretos.
Otro de los puntos álgidos del almuerzo (que se inició con un plato de sopa de verduras) fue la insistencia de la Presidente argentina de que el país se aviene a pagar la deuda con el Club de París en la medida en que no interviniera el FMI. «Pero el FMI tiene que auditar el acuerdo, ésa es la posición de la Comunidad Europea», replicó Merkel. «Eso es inadmisible -replicó la Presidente-. Hay que recordar el compromiso del FMI y sus recetas en las crisis que llevaron al desastre». Merkel no respondió. Aprovechó Cristina para agregar: «Además, mire lo que hizo el FMI en las crisis de Italia y Grecia». Nuevo silencio de Merkel. «La intención de la Argentina fue pagarlo antes de la caída de Lehman Brothers», continuó. «Si nuestro país saldara su deuda con el Club de París, muchas empresas alemanas radicadas en la Argentina se beneficiarían». La canciller alemana le dio entonces la razón, pero eso en nada modificó su inflexible posición con respecto a la intervención del Fondo. El canciller Héctor Timerman, el diputado Jorge Landau, la diputada Carmen Nebreda y el embajador argentino en Alemania, Victorio Tacetti, fueron los otros comensales. Salvo Timerman, que no come carnes rojas y optó por pescado, los demás sí comieron lentamente el bife.
La reunión se había iniciado diez minutos después del mediodía de ayer en el Palacio de la Bundestag (Cancillería), en cuya explanada Merkel recibió sobre la alfombra roja a la Presidente argentina, y luego de intercambiar saludos protocolares y escuchar los himnos nacionales de ambos países se dirigieron de inmediato al salón principal, con la mesa ya servida.
En el almuerzo de buenas intenciones, que se prolongó por algo más de una hora, se forjó el proyecto de la formación de una comisión mixta para reactivar esa relación recíproca algo dormida, y principalmente el tema de la importación de carnes. «Los buenos amigos, como lo son Alemania y la Argentina, tienen que serlo en todo», dijo más tarde la Presidente, en una breve conferencia de prensa y con un ligero matiz de ironía. «Para ello -insistió-, es necesario recuperar el estatus de nación más favorecida, un acuerdo consistente en que los seis países considerados, según ese tratado, en igualdad de condiciones para la producción de carne (y la Argentina es uno de ellos), tengan igualdad de oportunidades.
El insistente reclamo sobre este punto responde a la exigencia norteamericana en importar carne a Europa en detrimento de otros países. «Un país aliado debe terminar de definirse en su manera de votar», dijo la Presidente en otro momento álgido del almuerzo. «No puede ser que en algunos casos lo haga, señora canciller, de acuerdo con los acuerdos bilaterales, pero que alegue en otros que se ve forzado a seguir y respetar el voto de la Unión Europea». Cristina se refería a Francia, por ejemplo, cuyo habitual voto negativo contra la Argentina y a favor de la voluntad norteamericana en el comercio de la carne, suele primar en las decisiones.
Si éste fue uno de los aspectos en los que más insistió la Presidente, la canciller alemana retrucó con que es necesario reflotar la comisión mixta binacional que debería fortalecer la supresión de la llamada doble imposición en el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur. Esto es, que los acuerdos entre países socios se consideren como realizados en un único territorio, de manera tal que la empresa de un país que invierta en otro no deba pagar simultáneamente gravámenes de ganancias en uno y, a la vez, costos de exportación en el otro.
Si al debate en el que terminó convirtiéndose el almuerzo le faltaba otro momento ríspido éste llegó cuando abordaron los temas referidos al medio ambiente, el cambio climático y la constitución del Consejo de Seguridad. En vistas a la Cumbre de Cambio Climático de Naciones Unidas, cuya próxima reunión se celebrará en Cancún en diciembre de este año, la Presidente se mostró firme en que los países industrializados no intentaran obstaculizar, o directamente impedir, el desarrollo de los países emergentes tras el escudo del cambio climático.
«Es verdad que hay que establecer», dijo con énfasis, «responsabilidades iguales para los países participantes del Consejo de Seguridad, pero con distinto grado. Los países más industrializados son los mayores responsables de los efectos ambientales adversos que hoy padecemos, y usted no ignora que eso se debe a la utilización de industrias sucias, contaminantes. No vamos ahora a ser nosotros los que paguemos el pato de la boda sin gozar de sus beneficios. La Argentina respetará la protección del medio ambiente, pero no cruzando de brazos a sus industrias sino con la transferencia de tecnologías de avanzada, por parte de esos países, y créditos de desarrollo». Merkel la escuchaba con atención, sin replicar ni opinar. Quedaba ingresar entonces en la adhesión, por la Argentina, al llamado «bloque de consenso», que reclama que el Consejo de Seguridad carezca de miembros permanentes y se aumente la rotación con más miembros participantes.
El postre era helado de crema con frutos rojos, pero tampoco resultó muy endulzante. La Presidente pidió entonces que la Comisión Mixta intervenga en el equilibrio de la balanza comercial. Y dio una cifra, que más tarde hizo pública también ante la prensa: «En el último año, Alemania aumentó sus exportaciones a la Argentina en un 36%, en tanto que la Argentina tuvo un retroceso del 2%.
Eso sí: se felicitaron mutuamente por la forma en que ambos países lograron despegarse de la crisis de 2008. «La nuestra -agregó- fue además inesperada para muchos, y sobre todo para las aseguradoras de riesgo, que hasta llegaron a calificar con mejor puntaje a países como Grecia o Irlanda. Yo creo, señora canciller, que las calificadoras de riesgo no califican el mayor riesgo, que son ellas mismas. Si esas calificadoras tuvieran que interpretar los riesgos de un país basándose sólo en sus índices y sin saber de cuál se trata, le darían buen puntaje al nuestro, hasta que le descubrieran su nombre».
La reunión posterior con la prensa no duró ni diez minutos. «La canciller alemana, que nos ha honrado con este encuentro, comprometió su presencia en América Latina, pero sólo en la reunión de la comisión Mercosur-Unión Europea. Y eso será recién a principios de 2012. Es una lástima, porque nosotros la habíamos invitado a que nos visite este 17 de diciembre próximo, cuando presentemos el Instituto Científico Max Planck en Buenos Aires», dijo en su breve alocución pública. «Nosotros le agradecemos su intención de venir, pero entendemos que tiene muchos otros compromisos en su agenda».
«Hoy todo ha cambiado», agregó por último Cristina de Kirchner. «La fotografía del mundo posterior a la crisis del 2008 ya no es la misma que antes. Y los países industrializados deben entender que esa crisis se originó a partir de ellos. Por eso, yo creo que las reglas ahora deben ser justas para todos, y no hay que olvidarse de eso en algunas circunstancias, como de la renegociación de los tenedores de deuda».
La única pregunta que, a continuación, hizo la prensa alemana, dejó en evidencia cuánto habían impactado estos temas localmente: interrogaron a Angela Merkel sobre su opinión personal de una frase que había dicho poco tiempo atrás el presidente alemán, Christian Wulff, sobre la integración del islam a Alemania.
* Enviado Especial a Alemania |