El Gobierno puede volver a minimizar el cuestionamiento o incluso usarlo a favor para su estrategia política doméstica, pero los funcionarios que están acá saben que si no hay una señal en esta asamblea pueden desencadenarse mecanismos de castigo que, hasta ahora, sólo se insinuaron informalmente.
Quien ha escuchado estas advertencias en forma directa es el representante argentino ante el FMI, Alfredo Mc Laughlin, que, a su vez, advirtió a los ministros Amado Boudou, Héctor Timerman y Julio De Vido. El ministro de Economía, que ya pasó por el calvario de anunciar un acuerdo por el Artículo IV en Estambul en 2009 y luego tener que desmentirlo, relativizó el dramatismo de los hechos.
Timerman, al parecer, se mostró un poco más preocupado, pero repitió su habitual falta de convicción cuando le piden que le plantee algo a la Presidenta. Y De Vido, que hasta ahora parece ser el más convencido de dejar atrás la cuestión del Indec por el puro pragmatismo que guía cada uno de sus actos, hasta ahora no hizo jugar su línea directa con el ex presidente Néstor Kirchner.
La posibilidad más drástica, que consistiría en iniciar un proceso de sanciones hasta pensar en la expulsión del país del FMI, parece remota.
Algunas fuentes calificadas la descartan por completo y otras recuerdan un solo antecedente: Irán, hace casi 30 años, era miembro del board, gozaba de los derechos, pero desoía cualquier pedido. Claro está, el contexto político es muy diferente y habrá que ver si Estados Unidos quiere alejar más a la Argentina de su radar en el convulsionado hemisferio occidental.
Sin embargo, la discusión por "la silla" es más factible. ¿En qué consiste?: en que la Argentina pierda su lugar permanente en el board en el contexto de la reducción de asientos que se discutirá en esta asamblea. En contra le juega el enojo de algunos países europeos y los competidores para quedarse con ese lugar,

