Por FERNANDO ALONSO - Hay un punto de coincidencia en los análisis que comienzan a realizarse sobre el comportamiento de la economía en adelante, sin la presencia de Néstor Kirchner y es la gran incertidumbre que se genera en el país. En la medida que la presidenta Cristina Fernández logre transmitir un mensaje de control político de los diversos factores de poder que convergen en el kirchnerismo, no correrá riesgo el excelente momento de la economía argentina alentada por un contexto externo definitivamente favorable para el país. Es también el reflejo de un gran cambio de la política interna argentina: no es la economía la que condiciona la suerte de una presidencia sino la política la que tendrá un carácter determinante sobre el nivel de actividad económica.
El Gran MaKro como lo definió un consultor económico que reconocía una gran capacidad en el Gobierno para gestionar la economía, ejercía un control diario sobre las principales variables, como la recaudación impositiva, el ritmo de expansión del gasto público o la cotización del dólar, relegando a un segundo plano el papel de los ministros de Economía.
El manejo personalista de la economía y la resistencia a presentar un plan de mediano y largo plazo obligó a los actores económicos a actuar con la sensación de ir siempre por el borde de una cornisa. Pero detrás de toda medida presentada como una reacción política a un factor económico hubo un modelo pensado: las trabas para importar cuidaron los dólares; la prohibición de girar utilidades a los bancos los obligó a capitalizarse; la estatización de las AFJP garantizó un flujo de pesos, por citar las más trascendentes.
Pero Néstor fue también el principal articulador político de su esposa la presidenta Cristina Fernández, logrando mantener dentro del oficialismo a sectores políticamente enfrentados, desde la CGT a la CTA, pasando por todos los movimientos piqueteros y a diversas expresiones del peronismo. La Presidenta no solo perdió a su compañero de la vida y la lucha política sino a su principal operador político y económico. Además de reponerse del dolor personal, tendrá después que tomar algunas decisiones que serán determinantes del futuro económico.
La primera es definir al responsable de la política económica, a un ministro de Economía, entre las dos tendencias que expresan en el intervencionismo del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, o la apertura a los mercados financieros del ministro Amado Boudou.
La primera lectura de los mercados sobre el futuro económico pareció indicar que esperan una giro hacia la ortodoxia, con la normalización del Indec, un acercamiento a los mercados financieros y la normalización de relaciones con el Fondo Monetario Internacional y el Club de París.
Pero esa lectura aparece como apresurada, mientras no se detecten indicios de un alejamiento de Guillermo Moreno del Gobierno. Es más lógico pensar que Cristina todavía le otorgue más poder al funcionario encargado de controlar los precios, para evitar que un contexto de incertidumbre induzca a algún sector empresario a aprovechar para reacomodar precios o posición de mercado.
De la misma manera aparece como crítica la relación que establezca la presidenta con el jefe de la CGT y presidente del PJ bonaerense, Hugo Moyano, para controlar la puja salarial.
La inflación que surge como uno de los mayores problemas de la economía local –25% este año y probablemente igual o algún punto más el próximo– está a la vez estabilizada en ese piso elevado. En la medida que Moreno contenga los precios y Moyano contenga los reclamos gremiales, se desalentará una escalada inflacionaria que podría comprometer políticamente la gestión de Cristina: entonces, no aparece lógico renunciar a un halcón.
El problema es que ahora no alcanzará con un ministro de Economía formal sino que será necesario recuperar la función de planificación de la política económica, ese rol que cumplió Néstor Kirchner. Y Moreno no alcanza ese perfil. En la cantera, Cristina Fernández cuenta con la titular del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, que demostró compromiso con el proyecto político y económico del kirchnerismo y una dosis mayor de sustento técnico para aplicarla.
La economía, como quizás nunca antes, le da tiempo a la política para tomar decisiones: entre los halcones conocidos o abrir un proceso más predecible que genere certidumbres para las inversiones y el desarrollo social. |