Por IGNACIO OLIVERA DOLL - La historia los mostró siempre “complementando” sus diferencias. Pero, también, compartiendo escenarios con dificultades y oportunidades similares. Esta vez, como en otras tantas, los dos grandes socios de América del Sur emprenderán simultáneamente el mismo escenario político y económico: huérfanos de líderes por la muerte en Argentina de Néstor Kirchner y el final del mandato de Lula en Brasil, deberán administrar la marcha “a toda máquina” de sus economías y sostener el esfuerzo para evitar la apreciación de sus monedas.
“Brasil está a las puertas de una transición política clave. El gobierno que se imponga en el ballottage de este domingo enfrentará en el debut dos desafíos macroeconómicos complejos y novedosos: administrar una tasa de crecimiento económico muy fuerte y manejar una moneda muy sobrevaluada”, advirtieron en la consultora M&S Consultores.
Combinar el “super crecimiento” con el “super real” es, para los analistas, un desafío que jamás se le presentó a Brasil. Y una oportunidad sin muchos precedentes, también, en la Argentina. “Un real fuerte es un peso más barato (en términos bilaterales), que sufre menos presiones por el lado de la competitividad cambiaria. Y un ‘superpeso’, como el que se espera para 2011, es atractivo para el electorado y funcional para el Gobierno”, sintetizó el analista de Econviews, Eric Ritondale.
El próximo escenario económico aparece prácticamente descontado en el mercado. Las encuestas dan por vencedora a la candidata de Lula da Silva, Dilma Rousseff, por entre 6 y 12 puntos de ventaja sobre Serra, y los inversores se animan a pronosticar una clara continuidad de las actuales políticas monetaria y fiscal iniciadas por el actual presidente.
“Creemos, independientemente de quién gane, que las autoridades van a estar tratando de evitar que ocurran apreciaciones muy fuertes. Es una tarea difícil, porque la experiencia histórica muestra que los controles de capitales son poco efectivos”, comentó a este diario el analista de Barclays, Roberto Melzi. Pese a eso, el economista espera que el real brasileño se aprecie aún más, en los próximos doce meses, hasta llegar a 1,65 unidades por dólar.
Dante Sica, titular de la consultora abeceb.com, indica que “lo máximo que podrán hacer las nuevas autoridades es frenar la apreciación”. Pero que “hoy, con un mercado tan líquido, tan exageradamente atractivo, a Brasil le cuesta pensar en lograr una depreciación”.
El contexto dejará óptimas concidiones para la Argentina: “El super crecimiento y el super real del modelo de Brasil son dos eventos potencialmente favorables para nuestro país. Porque agrandan las posibilidades de exportar al mercado brasileño y, asimismo, potencian las inversiones que pueden localizarse en Argentina para aprovechar el mercado de Brasil y los propios derrames de inversiones brasileñas en Argentina”, dicen en M&S.
Aún así, el éxito de la relación comercial no dependerá solamente de Brasil. Sino, claro, del destino –más incierto– que los tiempos “post-kirchner” le vayan trazando a la economía argentina. Durante los últimos años, el real estuvo más revaluado que el promedio de las últimas décadas, pero la Argentina K no mostró haber aprovechado la situación: las ventas hacia Brasil perdieron participación en el mercado de ese país, y el déficit comercial se hizo permanente desde 2004 hasta hoy, con un pobre flujo de inversión. “Una causa de eso fue que el real en Brasil está muy fuerte, pero que la inflación en la Argentina también lo está. La apreciación de la moneda brasileña choca contra la suba de los costos internos argentina”, dicen en la consultora de Carlos Melconián. El tipo de cambio real bilateral es hoy similar al del período 1995-1998. Conclusión: suponen que será bueno el Brasil después de Lula, de real fortalecido y economía pujante, si la Argentina después de Kirchner muestra ser más efectiva en el control de la inflación. |