Las evidencias son varias. La primera tiene que ver con el creciente diferencial que comenzó a verse entre la cotización de venta del billete en el mercado oficial y regulado (existen montos habilitados para operar) y el "paralelo" (las operaciones que no se declaran).
En los últimos meses, por la tendencia vendedora del mercado cambiario, la diferencia entre uno y otro tipo de cambio se había estacionado en torno a los 3 centavos (alrededor del 1%). Pero ayer ya se había estirado hasta 7 (1,75%) porque, mientras el precio vendedor del dólar minorista cayó de $ 4,01 a 4 (el mayorista retrocedió a $ 3,98 y no lo hizo más porque el Banco Central compró US$ 100 millones para las reservas), el del "paralelo" siguió en alza para subir de $ 4,06 a 4,07, alentado por una reactivada demanda en ese segmento.
A su vez, el traspaso de compradores minoristas, que hasta hace poco raleaban, hacia ese mercado y la posibilidad que abre de capitalizar esa diferencia de precios hicieron que la City porteña volviera a poblarse de "coleros".
Para comprobarlo basta con recorrer la zona en horario cambiario. Quien lo haga notará que, diseminados por las calles Sarmiento o San Martín, se mueven grupos de personas que, comandadas por un reclutador, ceden su tiempo y su documento para comprar dólares en el mercado oficial que luego revenderán a las "cuevas" para que éstas puedan abastecer la creciente demanda, dando lugar a lo que en la plaza cambiaria ya describen como "efecto AFIP", tal como había advertido la defensora del cliente bancario porteño, Graciela Muñiz, hace unos días.

