La carta enviada por el director del Tesoro y presidente del Club de París, Ramón Fernández, al ministro Amado Boudou señala: "En ausencia de un programa del Fondo, los acreedores podrían considerar un plan informal para saldar totalmente los atrasos y normalizar las relaciones financieras con la Argentina".
Es probable que los altos funcionarios del Tesoro tengan la intima convicción de que no es pragmático el requerimiento de obtener ese plazo, a raíz de que nuestro país no admite la presencia del FMI como órgano de evaluación, la que no puede ser suplida por la autoevaluación de su economía si solicita un calendario de reembolso de 36 meses. Harán notar que no se tendrá inconvenientes para cancelar en menos tiempo, pues la suma no es elevada. Así, se producirá un efecto neutro en las reservas del Banco Central, que además está autorizado a girarle al Ministerio de Economía US$ 7500 millones para amortizar el monto impago.
La abundancia de recursos constituye para cualquier país una de las mejores armas diplomáticas. Los agentes del Tesoro no saben aún si serán empleados, pero caen en el irrealismo cuando afirman que la Argentina cuenta con un tesoro de guerra que puede utilizar: sus reservas de cambio, que alcanzaron US$ 51.896 millones al 30 de noviembre último.
Los responsables del endeudamiento quizá comprendan las inquietudes de las autoridades argentinas, al igual que las razones por las cuales la aceptación de un acuerdo de tratamiento definitivo de salida de la deuda con un período de cancelación inferior a tres años (como mínimo) haría disminuir fuertemente las reservas disponibles de US$ 5002 millones a la misma fecha, suma necesaria para asegurar la cobertura a fin de no sufrir la apreciación del peso y mantener el tipo de cambio de equilibrio. El resto de las reservas, US$ 46.894 millones, constituye la prenda común de los pasivos monetarios.
Los funcionarios saben por demás que las reservas disponibles de precaución, que surgen de la diferencia entre las reservas internacionales y la suma de la base monetaria y las cuentas corrientes en otras monedas, se pueden colocar a disposición del mercado para disuadir a los que hagan compras especulativas o irreflexivas.
Si la Argentina decidiera hacerlo adoptaría el mismo criterio que el Banco Central de Indonesia, cuya intervención en el mercado de cambios para detener la apreciación de su moneda le costó US$ 15.000 millones. Y del Banco Central de Brasil, que compró casi 1500 millones para sostener el real y evitar que el mayor valor erosione la competitividad de sus empresas.
Posiblemente el Club de París no deje pasar la ocasión de un arreglo amistoso, ya que casi todos los países miembros tienen necesidad de aumentar los haberes y tenencias en divisas ante sus tesorerías exhaustas.
Con respecto a la cancelación de la deuda soberana sin la intervención del FMI, estimada en US$ 7870 millones al 31 de diciembre de 2010 -importe mínimo que incluye los intereses devengados y los punitorios-, la probable respuesta de los acreedores del Club de París bien podría ser que la Argentina acepte hacerlo en tres pagos anuales dentro de un período máximo de 24 meses: el primero, en abril de 2011 (US$ 3148 millones, 40%); el segundo y el tercero en el mismo mes de 2012 y 2013 (US$ 2361 millones cada uno, 30% respectivamente). El ministro puede considerar que esta opción es costosa para el presupuesto nacional: además de los pagos al Club, tendrá que cumplir en 2011 con el servicio de la deuda de casi US$ 20.000 millones, contando para ello con un excedente primario de 4000 millones.
El autor fue gerente del Banco Nación en París y es consultor en estrategias de mercado de divisas.

