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El "argentino cortoplacista" o aquel que bate récord en compras de 0km y ya se olvidó de un hipotecario
ABC Mercado de Cambios S.C. comunica sobre la fuente de la siguiente nota:
Texto informativo: 29/12 - 12:43 IProfesional.com
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Gratificación inmediata. Búsqueda de placer. El dólar dejó de ser el "amigo fiel" y ahora su lugar lo ocupan las tarjetas de crédito. Así se presenta el actual escenario, en el que se baten todos los registros históricos de venta, menos el de los créditos para la vivienda. ¿El modelo K, responsable?

 

Por Fernando Gutiérrez (IProfesional.com) -  La pasión por ir de shopping que invade a los argentinos, ¿llegó para quedarse o sólo es un fenómeno circunstancial?

Esta pregunta ya está instalada, tanto entre empresarios como en analistas, que observan con suma atención cómo se desarrolla el actual contexto.

Es que de su respuesta depende la suerte de las principales variables de la economía, desde la generación de ingresos hasta la creación de empleo.

De lo que no hay dudas es que el Gobierno hace y hará lo imposible para que esta "sobredosis" de consumo permanezca por un largo tiempo. Y se empeña día a día para dar todos los incentivos posibles para que esto suceda. Los comercios, agradecidos.

Al respecto, no falta quienes advierten de los cambios que el actual escenario produce en los hábitos de comportamiento de la sociedad, en particular en los de la clase media.

"Un fenómeno nuevo es el hecho de que incluso los sectores de bajos ingresos apuntan a la compra de primeras marcas y artículos tecnológicos de última generación, porque son productos que dan poder, que son visibles", afirma Gonzalo Fonseca, de la firma JWT.

Y cuando se analiza detenidamente lo que viene ocurriendo desde hace ya un buen tiempo sale a la luz una cuestión que resulta trascendental: el "cortoplacismo" se apoderó de los argentinos.

En efecto, mientras se baten récords de venta de autos, de viajes al exterior, de compra de equipamiento para el hogar, el crédito hipotecario no logra repuntar, a pesar de que sus tasas llegan -en muchos casos- a ubicarse por debajo de la inflación real.

Todo esto se da en un contexto en el cual, según datos del propio INDEC, mantienen ahorrados bajo el colchón o en cajas de seguridad cerca de u$s140.000 millones.

Es verdad que la compra de un 0km requiere de un monto menor al de un préstamo para la vivienda. Pero también es cierto que, en general, los hipotecarios no suelen pedirse por el valor total de la misma, sino por una cifra cercana los u$s30.000 en promedio, según datos revelados a iProfesional.com por Maximiliano Colle, directivo del Banco Ciudad, entidad referente en esta materia.

En este sentido, las investigaciones de JWT confirman esta baja propensión al ahorro y un deseo de satisfacción inmediata mediante el consumo.

"Incluso, observamos una contradicción con lo que ocurre en el llamado primer mundo, donde surgió una revalorización de la austeridad. En cambio, en la Argentina ocurre lo opuesto. Por ejemplo, la tasa de renovación de equipamiento es cada vez más rápida", agregan desde la agencia.

Para Guillermo Oliveto, presidente de la consultora W y un referente en la materia, todo esto es parte de "un boom transversal donde cada uno compra más, ya sea un auto importado, uno nacional o una moto. Lo que sea. Lo importante es darse el gusto".

"Nuestra investigación sobre la base de la pirámide de consumo muestra que la gente tiene una tendencia a gastar de inmediato toda la mejora en sus ingresos. Y no sólo que no ahorra esos pesos que pueden ser diluidos por la inflación, sino que además notamos una tendencia creciente a tomar deuda", señala Fonseca, de JWT.

Argentinos cortoplacistas, ¿culpa del modelo K?
¿Cómo será recordado este 2010 por los historiadores? Quizás muchos lo cataloguen como el año del "gran boom consumista argentino", que colmara de felicidad a la clase media, mientras que en el mundo las economías más desarrolladas (y sus monedas) naufragaban en un mar de incertidumbres.

Y razones no les faltarán: los 1,2 millones de LCDs vendidos, cifras "explosivas" en materia de renovación de equipos tecnológicos, consumos con tarjetas de crédito fuera del país en sus máximos históricos, récord absoluto en venta de 0km, entre otros, serán argumentos más que válidos para sustentar sus dichos.

Pero también estarán los más críticos -que anotarán la contracara- como, por ejemplo, el desinterés por tomar un crédito de largo plazo, o el gran problema de déficit habitacional que saliera a la luz, y se mostrara en su máxima crudeza en estos días.

Es decir, se hará referencia a un momento histórico que muestra una situación económica dual. En el corto plazo, consumo y crédito a todo vapor. Para el largo, reticencia a ahorrar.

Y así como en épocas pasadas, cada Gobierno fue dejando su propio sello en materia económica, la pregunta es si el comportamiento de los argentinos de hoy -caracterizado por una mirada de "corto plazo" y que apunta a una "gratificación inmediata" por sobre todas las cosas- no viene a ser otra cosa que el resultado tan ansiado y perseguido por el "modelo K".

Varios analistas califican a esta etapa de la economía como de "populismo financiero", porque exacerba el uso de los recursos de la economía para la búsqueda de la satisfacción inmediata.

Pero, como contrapartida, ésto se realiza al costo de desatender el ahorro y las inversiones de largo plazo.

A punto tal, que el mercado de hipotecas muestra una decadencia histórica que lo acerca a la década de los años ‘80.

"El panorama no puede ser más desolador: el crédito hipotecario aportó apenas el 0,1% del aumento de los préstamos al sector privado", destaca Andrés Méndez, director de la consultora AMF.

Tras una profunda investigación, su conclusión es que los créditos para la vivienda, como porcentaje del total de financiamiento del sector privado, no sólo que no crece sino que, además, tiene una tendencia descendente, habiéndose encaminado hacia un registro del 5%, que fue el nivel que caracterizara a la economía argentina inflacionaria de hace más de 20 años.

 

Y es aquí donde los bancos entran en escena.

Sucede que, al encontrarse con que la mayoría de los depósitos que realizan los argentinos están colocados a no más de 180 días (el 50% a menos de 60), entonces se les dificulta prestar a largo plazo. Otra arista más del cortoplacismo argentino, reflejado en este caso en el sector financiero.

"Un problema a resolver es el descalce de plazos. Es decir, los bancos toman dinero de depósitos a pocos meses y les resulta complicado prestar a varios años", afirma Alfredo Gutiérrez Girault, economista jefe del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF).

Entonces, apuntan sus estrategias a incentivar el uso de las tarjetas de crédito.

Girault destaca el contraste que provoca el hecho de que este año los saldos de préstamos hayan aumentado "más de 10 puntos por encima de la inflación", mientras que en otros rubros se mantuvo con poca variación.

"No me resulta extraña esta tendencia. Es el reflejo de que tenemos un régimen monetario que, precisamente, no es favorable al crédito y a la toma de decisiones mirando el largo plazo", sostiene Girault.

Por su parte, Patricio Millán, director de la escuela de economía de la Universidad Católica, opina que las nuevas generaciones de argentinos mantienen muchos de los valores culturales de sus padres. Sin embargo, el actual escenario económico, alentado por el Gobierno, los impulsa a tomar diferentes actitudes.

"Con un entorno estable ya la gente no vería la compulsión a consumir para cubrirse de la inflación", opina Méndez.

 

¿Cambio cultural?
Lo cierto es que, para los expertos, los argentinos no hacen más que reaccionar a los incentivos que ofrece el "modelo K": ponen todas sus fichas en mejorar su estándar de vida comprando artículos tecnológicos, ropa de primera marca, cambiando el auto o realizando viajes, a la vez que postergan de manera indefinida el ahorro y el sueño de la casa propia.

"Esto ocurre, además, porque el sistema financiero se encarga de estimular esta situación. Los bancos concentran su crédito en el corto plazo, donde tienen bastante menos riesgo y cobran tasas altas que el mercado finalmente termina convalidando", afirma, off the record, el economista jefe de uno de las principales entidades financieras del país.

"El único incremento de tasa de interés se ha dado en la financiación a través de tarjetas de crédito, cuyo costo nominal anual pasó de 29,5% a 33%, en doce meses", destaca Jorge Vasconcelos, director del IERAL.

Por otra parte, una investigación realizada por la consultora Deloitte revela que el 80% de los usuarios de plásticos sólo cancela el pago mínimo mensual, o una parte del total adeudado, y financia el resto.

Para evitar que este remanente represente un techo a la hora de comprar, los bancos vienen reaccionando subiendo los saldos máximos permitidos: "Las autorizaciones de crédito están subiendo su límite. El que hace un año tenía $5.000 hoy está cerca de $10.000", argumenta Gutiérrez Girault, del IAEF.

En contraposición, tal como afirma Millán desde la UCA, "no se observa un cambio en la predisposición a comprar inmuebles, por ejemplo. Es un tipo de consumo que se guía por factores distintos a la compra de bienes durables. Es más, el mismo entorno que motoriza el consumo de corto plazo, que es la inflación, es el que frena el compromiso de largo plazo".

 

Los economistas críticos del Gobierno no son los únicos preocupados por la situación dual de un consumo a toda velocidad que no se corresponde con una expansión fuerte del crédito a largo.

Cristina Fernández de Kirchner, en un reciente acto público se quejó del tema, e instó al sistema financiero a no limitar su esfuerzo en canalizar fondos hacia el lado de las compras: "Cuando hay un Estado que garantiza el sostenimiento de la demanda agregada, financiar el consumo es casi como despachar créditos", resaltó.

Lo cierto es que el actual modelo funciona como una "píldora del placer", que trae satisfacción y gratificación tanto a los argentinos, como a los bancos y hasta al propio Gobierno.

¿Cuánto durará su efecto? En las palabras "soja y Brasil" puede encontrarse la respuesta. Cuanto más empujen, más se prolongará esta sensación de bienestar cortoplacista que invade al país.

El largo plazo puede esperar. Por ahora, para los argentinos no es motivo de preocupación. Sólo por ahora. Porque si hay algo que aprendieron de otras décadas es que no existe ninguna píldora que asegure la felicidad eterna.

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