Por TOMÁS MONGE - La decisión de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) de aumentar sus cuotas en dos millones de barriles diarios de forma inmediata, y en otro medio millón en agosto, frenará la escalada de precios del crudo. Pero los expertos aseguran que no eliminará la fuerte prima de riesgo con la que cotiza el barril, que es la causa principal de su elevado precio, y que es muy poco probable que el brent llegue a caer por debajo de los 35 dólares. Al menos hasta después del verano.
“La decisión final de la OPEP es un tanto decepcionante”, asegura Delfina Pérez, de Banif. Con el aumento de dos millones de barriles diarios, la producción total del cartel (excluyendo a Irak, que no participa en el sistema de cuotas), quedaría en 25,5 millones de barriles, por debajo de los 26 millones de barriles que ya bombeó diariamente la OPEP durante los dos últimos meses. “Es decir”, explica Pérez, “que el aumento real de la producción sigue en el aire, porque depende de la voluntad o no de los miembros de seguir incumpliendo las cuotas”.
Otro analista de una firma española dice además que “aunque la OPEP ya ha adelantado otro medio millón de barriles diarios para agosto, no hay que contar definitivamente con ellos porque hay otra reunión en julio en la que pueden dar un paso atrás para evitar que el suministro sea excesivo”. El propio cartel ha advertido en su nota de prensa tras la cumbre que con las nuevas cuotas existe el riesgo de inundar el mercado con un exceso de oferta de petróleo.
“Y tiene razón”, asegura Estefanía Ponte, de Fortis. “No existe un problema real de oferta de petróleo, las preocupaciones deberían centrarse en otras situaciones”, señala, como la escasa capacidad de refino de petróleo en Estados Unidos y, como consecuencia, la caída de las reservas de gasolina. “Los inventarios de petróleo ya son ahora mayores que hace un año y los costes del transporte del crudo están subiendo, lo que indica que hay suministro y que la demanda es fuerte”, asegura Ponte, “pero las reservas de gasolina siguen a la baja porque existe un cuello de botella en Estados Unidos”. La primera economía mundial se enfrenta en verano al pico de mayor demanda de gasolina, que coincide con la temporada de vacaciones.
“Hasta que no pase esa temporada es casi imposible que el petróleo baje de los 35 dólares”, explica Ponte. Pérez, de Banif, e Iván San Félix, de Intermoney, coinciden en esta previsión y, además, señalan otro problema. “La prima de riesgo con la que cotiza el crudo es fortísima porque la inestabilidad sigue a la orden del día en Irak y porque existe un miedo cerval a que los atentados en Oriente Medio puedan afectar a las exportaciones de petróleo”, dice San Félix. Pérez, por su parte, recuerda que “no hay perspectivas de que esa prima de riesgo se reduzca en junio, porque el traspaso de poderes en Irak se producirá el último día del mes y los grupos de oposición ya han advertido de que no será un proceso pacífico”.
No sólo eso. El aumento de la producción, aunque es una buena noticia, también lleva consigo su propio punto negro: “El ritmo de bombeo de casi todos los miembros de la OPEP estarán ahora muy cerca del límite de sus capacidades”, dice un experto, “y no va a dejar más margen para influir en el mercado con nuevos aumentos de la producción, ni tampoco para suplir las interrupciones que puedan producirse en determinados campos petrolíferos si realmente se producen atentados terroristas”.
Goldman Sachs pone la puntilla a este mar de dudas. El banco de inversión estadounidense asegura que “la única manera realista y eficaz para aliviar la subida de los precios es que los bancos centrales de la OCDE debiliten el crecimiento económico de sus países y, así, recortar la demanda de energía”. Goldman Sachs afirma que “el ciclo actual de un fuerte crecimiento en Estados Unidos, con una recuperación sincronizada en Europa y Japón y, sobre todo ello, el boom de la economía china es simplemente demasiado” y advierte de que “probablemente, el mensaje que están dejando los precios del petróleo, como ya hicieron a principios de los años 70, es que la política monetaria occidental es demasiado laxa”. |