Por ASSIS MOREIRA - Ginebra - Estados Unidos y Brasil protagonizaron ayer una dura confrontación sobre barreras a la importación y manipulación cambiaria, sacando a la luz cuestiones de competitividad y creciente tensión en el comercio internacional. El embajador estadounidense en la Organización Mundial de Comercio (OMC), Michael Punke, acusó a Brasil de tomar diversas medidas a lo largo de las últimas dos semanas para aumentar los aranceles, que representarían una especie de stick in the eyes (algo incómodo) para los socios comerciales.
El representante de Estados Unidos insistió en que la acción brasileña crea un ambiente más difícil para las negociaciones de Doha, que tienen obviamente como foco la reducción de los aranceles. Para Washington, lo que hace Brasil tiene potencial de perjudicar a las negociaciones.
La respuesta brasileña llegó de la mano del embajador de Brasil en la OMC, Roberto Azevedo, quién retrucó el argumento en el área cambiaria. Con la desvalorización del dólar, Estados Unidos es el gran beneficiado con la venta de bienes industriales a Brasil. Reclamar que Brasil está subiendo aranceles no es serio, afirmó.
Desde 2008, cuando se suspendió la Rueda de Doha, y a continuación vino la desvalorización del dólar, Brasil aumentó sus aranceles de importación a algunos productos, como textiles y juguetes, dentro de los límites autorizados por la OMC.
El problema en parte es la subvalorización del dólar en relación al real, que perjudica fuertemente la competitividad del producto brasileño. El producto estadounidense se beneficia mucho más con la subvalorización del dólar que el producto brasileño con la protección arancelaria adicional que se estableció, afirmó Azevedo
Para Brasil, la defensa adicional que aplicó es minúscula comparada al estrago que trajo la depreciación forzada del dólar, dijo el embajador, quién recordó que Estados Unidos obtiene con Brasil uno de los superávits comerciales más altos, en especial en productos industriales. Las importaciones brasileñas aumentaron y beneficiaron principalmente a Estados Unidos, que tiene el 15% de las importaciones brasileñas, pero se duplica a 32% si se toma nuestro déficit en el comercio de bienes industriales, agregó.
Para la profesora Vera Thorstensen, directora del Centro de Comercio Global y de Inversión, de la Fundación Getulio Vargas (FGV), en San Pablo, Brasil tiene todo el derecho de aumentar los aranceles, como lo están haciendo otros países.
Elevar el arancel al techo consolidado en la OMC es el único espacio político que nos resta contra la competencia desleal practicada por Estados Unidos, China y los países asiáticos, dijo Thorstensen. Es el único instrumento que se está usando correctamente para neutralizar el efecto del dólar estadounidense débil, y también de la moneda china y de todas las monedas asiáticas.
Estados Unidos pide más concesiones a los países emergentes y da señales de que abrirá más su mercado para la conclusión de la Rueda de Doha. Pero Thorstensen estima que cerrar la negociación sin resolver el problema del cambio es como un ciego que no quiere ver que la realidad cambió.
China y Estados Unidos están inundando el mercado con devaluación forzada. Política cambiaria en el comercio es subsidio disfrazado a la exportación y protección adicional al producto interno. Los países negociaron durante diez años en la OMC tomando como base simulaciones de flujos comerciales de 1992 a 1995, que son inútiles frente a tasas persistentes de desvalorización a largo plazo. No se puede cerrar una negociación ignorando las distorciones del cambio, agregó.
Por eso, para la profesora es fundamental que la OMC internalice el efecto del cambio en la negociación global porque la moneda desvalorizada torna las concesiones y los instrumentos negociados ineficaces.
El llamado G-7 comercial (Estados Unidos, Unión Europea, Brasil, India, China, Japón y Australia) podrá realizar una reunión ministerial en Davos a finales de mes, al margen del Foro Mundial de Economía. La UE quería realizar el encuentro en Bruselas, pero analiza la hacerlo en Davos para que participe el ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Antonio Patriota, que luego acompañará a la presidenta, Dilma Rousseff, en su viaje a Argentina.