Por: Pablo Wende - La Navidad ya es historia, pero en el microcentro porteño los «arbolitos» gozan de buena salud y se multiplican. Sucede que el incremento de la brecha entre el dólar oficial y el paralelo, que comenzó en diciembre y se agrandó en enero, incentivó más la compra y la venta de divisas a viva voz en lugares emblemáticos, como la calle Florida y Diagonal Norte y en Corrientes y San Martín.
Aunque los bancos y casas de cambio piden cada vez más requisitos para comprar dólares (es imprescindible presentar el documento y firmar una declaración jurada), en la calle sucede todo lo contrario, sencillamente porque la operación no queda registrada.
La brecha abierta para la cotización del dólar permite interesantes negocios que están fuera de todo control. Al menos los que ofrecen «cambio» en el microcentro lo hacen a plena la luz del día, sin intervención alguna de agentes de la AFIP o de la Secretaría de Comercio Interior, a cargo de Guillermo Moreno. Eso sí, al interesado lo invitan a pasar a un pequeño local dentro de una galería comercial, lo que ayuda a evitar miradas indiscretas y, por qué no, algún episodio delictivo.
El negocio para estos cambistas se acrecienta al abrirse las puntas entre el mercado formal e informal. La operación es sencilla y en las últimas semanas tomó nuevo impulso: se compran los dólares en las casas de cambio a través de un pequeño «ejército» de personas que adquieren de a 1.000 o 2.000 dólares, a un precio de $ 4,01, la cotización de ayer en las principales casas de cambio.
Pero luego esos billetes se ofrecen en la calle a niveles sustancialmente más altos. Ayer, por ejemplo, quienes adquirían billetes con esta modalidad debían pagar no menos de $ 4,15 (unos dos centavos por encima de la cotización «blue» de las casas de cambio). El menú incluye, además, dólares y euros.
El público que quiere evitar dejar su nombre para no quedar en la mira de la AFIP o turistas son los principales clientes. La diferencia por cada dólar «arbitrado» entre el mercado formal y el informal entre los precios de compra y venta es sustancial: llega al 3,5%.
También es enorme la distancia entre la propia compra y la venta en la calle: comprar dólares costaba ayer $ 4,15, pero por venderlos pagaban apenas $ 4,02. Se trata de un precio que está por encima de lo pagan los bancos y casas de cambio en el mercado formal, pero a una gran distancia del precio al que se vende el billete.
Pese a la efervescencia de los «arbolitos», en los últimos días la cotización del dólar informal comenzó a desinflarse. Tras haber tocado un máximo de $ 4,15 el último jueves aparecieron los vendedores, dispuestos a desprenderse de billetes a ese nivel. Por eso, ayer el dólar informal en el segmento mayorista ya había caído a $ 4,12 para la compra y $ 4,13 para la venta.
Se estima que la distancia entre el dólar de las pizarras y el informal se mantendrá todo el año, aunque no se agrandaría respecto de los actuales niveles.
¿Por qué saltó la cotización del «blue» este verano? En parte hay un componente estacional, ya que todos los años aumenta la demanda de dólares por las vacaciones. Pero en los últimos meses también se intensificaron los controles de AFIP y de Comercio Interior sobre empresas e individuos que compraron dólares. Esto llevó a muchos compradores genuinos (y en condiciones de justificar la operación sin mayores inconvenientes) a recurrir igual al mercado informal para no quedar en la mira de los organismos públicos.
Lo mismo sucede con la transferencia de dólares al exterior. Si bien existe un límite de 2 millones de dólares mensuales, para las personas físicas se transformó en una tarea casi imposible.
«Son tantos los controles que hay que pasar para enviar dinero al exterior por los canales formales, que la mayoría de los clientes opta por hacerlo en negro», reconocen en las casas de cambio especializadas en esta operatoria. |