Por Dolores Ayerra - Todavía es temprano para hablar de certezas. Pero se pueden esbozar tendencias. Contra todos los esfuerzos, Brasil no ha podido aplacar la fortaleza topadora de su moneda y la visión de un alza perseverante no es mero capricho de analistas. En octubre pasado el gobierno de Lula da Silva dispuso dos aumentos para el Impuesto de Operaciones Financieras que incide sobre las inversiones externas en renta fija, elevándolo del 2% al 6%. El objetivo fue frenar la apreciación del real (que anotó en los últimos dos años un poderoso 38% de ganancias) y evitar una entrada masiva de capitales. Meses más tarde, ya con Dilma Rousseff en el poder, Brasil instauró un requerimiento de reservas sobre las posiciones de bancos en corto en dólares, con la esperanza de reducir el comercio especulativo en el mercado de tipo de cambio extranjero. Desde entonces, sin embargo, el real hoy en 1,68 unidades por dólar acumula una suba de 1%. Entre los popes financieros, las apuestas son dispares pero existe un consenso que lo ubica a 1,7 para junio, sin grandes cambios respecto a hoy. Sólo los más arriesgados anticipan una caída a 1,8 unidades para fin de año. Frente a estas profecías, hay quienes trinan pero también están los que sonríen. De un lado, los exportadores brasileños. Del otro, Cristina Fernández de Kirchner. Durante dos años, la administración kirchnerista se benefició a costa de los movimientos cambiarios del país vecino. Sin sacrificar demasiado la fortaleza del peso, logró mantener competitividad comercial. A lo largo de 2010 el tipo de cambio nominal en la Argentina se apreció apenas un 4%, frente a un 10% del año anterior. Así y todo, según el instituto de estadísticas de Brasil, el año pasado el 21% del total de las exportaciones argentinas fueron a parar al mercado brasileño. Una vuelta de tuerca en materia cambiaria en el principal socio comercial argentino afectaría el crecimiento de la industria en general y en particular la del sector automotriz (responsable del grueso de las exportacionesa Brasil) y reforzaría la invasión de productos brasileños al mercado local. Mientras eso no ocurra, otra mujer, y también argentina, estará aliviada. A la titular del Banco Central (BCRA), Mercedes Marcó del Pont, le resultará menos costoso en términos financieros pero también políticos sostener el tipo de cambio en torno a $ 4. De lo contrario, deberá emitir más de la cuenta (bajo un espantoso frente inflacionario) para comprar más dólares y evitar que el peso se aprecie para mantener una economía competitiva. Es bien conocido, además, que devaluación es mala palabra en año electoral. A pesar de los números, no se puede afirmar aún el fracaso de las medidas de los brasileños, pero hay varios elementos que sugieren que su moneda seguirá el camino alcista o que, al menos, serán necesarias nuevas medidas para impedirlo. Un primer punto que talla esa idea es la brutal entrada de capitales. El año pasado entraron a bonos y acciones unos u$s 65.000 millones contra u$s 45.000 millones en 2009. Brasil supo construirse como sinónimo de bonanza frente a los desinflados primermundistas. El encantamiento ya está instalado y en tiempos donde las economías de las primeras potencias penden de un hilo, será arduo dormir el enamoramiento. Pero hay más para Dilma. La inflación, bordeando el 6%, desafía las promesas de la mandataria. Hace pocos días, el banco central debió subir la Selic en un 0,5% hasta 11,25% y reanudar el ajuste monetario, lo que refuerza el atractivo del real. Hoy Cristina recibe a su par en la Rosada. Se espera que firmen convenios bilaterales. No obstante, no está previsto que conversen sobre sus monedas. ¿Seguirá Cristina aliviada? |