El dólar cerró ayer en $ 4,03 para la venta al público, lo que implicó una suba de medio centavo en el día y de 0,5% en enero, en una rueda con sostenida demanda por operaciones de cobertura desde el sector privado y sin la intervención del Banco Central.
Para el dólar mayorista también hubo sorpresa: su precio se elevó siete milésimas a $ 4,008, nuevo máximo histórico tras la salida de la Convertibilidad. El dólar mayorista subió 0,8%, desde los $ 3,976 del 30 de diciembre último.
Los operadores indicaron que la necesidad de cobertura por el cierre de fin de mes fue importante, pero que esa demanda no fue abastecida por el Banco Central, que se mantuvo al margen de las operaciones. El volumen negociado ascendió a 420 millones de dólares en el mercado de contado (spot) y a 22 millones en el de futuros.
La ausencia de la autoridad monetaria y la menor liquidación de divisas desde el sector agroexportador volvieron a presionar al alza el precio del dólar, en momentos en que continuaba la huelga de trabajadores portuarios en el Gran Rosario, principal complejo oleaginoso del país. La Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA) y el Centro de Exportadores de Cereales (CEC), que representan un tercio de las exportaciones, informaron que el sector liquidó 348,8 millones de dólares entre el 24 y el 28 de enero, 12,9% menos que la semana previa.
En el mercado paralelo, el dólar quedó ayer en $ 4,16 para el tipo vendedor, un alza de 5 centavos, 1,22% en el mes, mientras avanzó a $ 4,12 para las operaciones de contado con liquidación, seis centavos o 1,48%.
En la city sostienen que no esperan grandes cambios con referencia al precio de la divisa, si bien el valor estimado por el Banco Central y el Ministerio de Economía es de $ 4,20 para fin de año, lo que implica una devaluación del 5% desde los $ 4 iniciales para 2011. Por otra parte, preocupa en las principales casas de cambio la política que podría implementar Dilma Rousseff, quien, en visita a nuestro país, señaló que no daba certidumbre sobre la posibilidad de utilizar la devaluación del real brasileño como una herramienta para ganar competitividad. Hoy, el peso argentino depende 30% de los movimientos del real brasileño, que hasta ahora no ha representado complicaciones para la Argentina.