Por Jesse Eisinger - La Reserva Federal de Estados Unidos dice que será paciente y actuará de forma paulatina con las tasas de interés. Los inversionistas han adoptado un planteamiento Reaganiano: confiar, pero antes verificar. Esto refleja un profundo desasosiego ante la inminente decisión de la Fed de comenzar a elevar las tasas, que va más allá de la típica aversión a la incertidumbre. Desde 1982 hasta comienzos de este año, el costo del dinero ha estado descendiendo constantemente, salvo por pequeños lapsos. El año pasado la Fed llevó esta tendencia hasta su extremo y recortó las tasas a un mínimo. Un ex presidente de la Fed solía decir que el trabajo del banco central era llevarse el licor cuando la fiesta empezaba a ponerse divertida. Esta vez, la Fed no sólo aportó licor hasta la saciedad, sino que le agregó éxtasis. Pero todos los vasos acaban vaciándose. El riesgo tiene su precio y ese precio está subiendo. El problema con el regreso del riesgo es que vivimos en un mundo en el que los activos son caros y los inversionistas y las compañías están poco preparados. Gracias a una política monetaria relajada, hasta un orangután ciego podría haber gestionado fondos de inversión el año pasado. Basta recordar una cifra asombrosa: en 2003 un 92% de todas las acciones del índice S&P 500 registró un alza. Se trata de la mayor proporción de ganadores desde 1980, año en el que se creó el S&P. Las compañías más endeudadas y, por lo tanto, las de mayor riesgo, registraron el mejor desempeño. Fue divertido. Era como una combinación de lo mejor de los años 80 y 90: el auge de los bonos chatarra y las acciones de tecnología. Los bonos del Tesoro subieron y los bienes básicos se dispararon. Wall Street volvía a ser un sitio de moda. Pero hay demasiado capital a la caza de muy pocas buenas ideas. Y no se trata sólo de acciones. Ahora no existe una sola clase de activos que se vea atractiva: acciones típicas, acciones de pequeña capitalización, bonos del Tesoro, bonos corporativos, bonos basura, bienes raíces, efectivo, activos de mercados emergentes, bienes básicos... todos son o bien caros o auguran una escasa rentabilidad. "Todo tiene una previsión de rendimiento baja, aunque no ridiculamente baja", asevera William Bernstein, codirector de Efficient Frontier Advisors, una firma de gestión de fondos. Bernestein es además neurólogo y autor de libros sobre inversión. El rendimiento previsto es el que estadísticamente tiene más probabilidades de que un inversionista racional e informado pueda prever obtener con el tiempo, basado en el desempeño histórico. "Hace cuatro años [el panorama de inversión] era bastante escarpado, con cimas y valles", dice Bernstein. Ahora es "como la estepa rusa, plano hasta donde se puede ver". "En lugar de una super burbuja, estamos ante una burbuja suave para todos los activos", asevera Cliff Asness, director gerente de AQR Capital Management, una firma de gestión de fondos con US$11.500 millones en cartera. Incluso aunque está de moda que los inversionistas reflexionen sobre un mundo en el que el alto riesgo y el bajo rendimiento son una amenaza, ellos no se lo creen. Los más ricos siguen dispuestos a pagar el 2% anual en comisiones y el 25% de las ganancias a sus gestores de fondos de cobertura porque piensan que seguramente eso no tiene que afectarles. Las comisiones son vestigios de un mundo de alto rendimiento. Sin embargo la mayoría de los fondos de cobertura no valdrán esos costos. Entretanto, un mundo lleno de incertidumbres geopolíticas significa que los inversionistas deberían exigir más compensación por activos de mayor riesgo. El petróleo probablemente no se quitará de encima su prima por terrorismo hasta que no haya varios años de estabilidad en el Medio Oriente. Si el mundo realmente se transformara en un lugar menos volátil, sería razonable apalancarse para convertir un rendimiento pequeño y seguro en uno mayor. Estaría bien pensar que los mercados, que mostraron volatilidad en los dos últimos meses, ya han tomado en cuenta todos los cambios que acarrerará la nueva apuesta de la Fed. Pero dicha suposición es, bueno, arriesgada. |