A pesar de que nuestro país goza de precios excepcionalmente altos para sus principales productos de exportación y de que hay una liquidez en dólares inauditamente elevada en el mercado mundial, comenzó a aparecer una brecha entre el precio del dólar en el mercado oficial y el del mercado paralelo. Es una señal de que existe fuga de capitales que el Gobierno trata de detener con controles de cambio, a la usanza de lo que hacían muchos países en proceso de desarrollo y, por supuesto, el nuestro, hasta fines de los 80 y principios de los 90.
Lamentablemente nosotros, como ya lo ha hecho Venezuela, estamos en camino de agregar a la inflación esta otra fuente de distorsión económica, la denominada «prima en el mercado paralelo». A medida que esta prima aumenta se estimula la subfacturación de exportaciones y la sobrefacturación de importaciones.
Cuando la prima del mercado paralelo aumenta, también aumentan las expectativas de devaluación y de inflación. Las expectativas aumentadas de inflación tienden a transformarse en realidad porque muchos precios internos ya no se fijan siguiendo el valor del mercado oficial sino que siguen el del paralelo. Esto es particularmente cierto cuando se imponen restricciones cuantitativas a las importaciones, práctica que el Gobierno ha acentuado.
Las expectativas aumentadas de devaluación pueden demorar en transformarse en una devaluación en el mercado oficial porque el Gobierno utilizará, por un tiempo, las reservas y los controles con ese objetivo. Pero aún demoradas, esas expectativas comienzan a influir sobre las tasas de interés.
Si el Banco Central no permite que aumenten pari passu con las expectativas de devaluación, la fuga de capitales va a aumentar y con ella incrementará la prima del mercado paralelo. Esta a su vez provoca nuevos aumentos en la expectativa de devaluación y empuja aún más hacia arriba a las tasas de interés. Se trata ni más ni menos que de un círculo vicioso del que sólo se sale con una devaluación fuerte de la moneda en el mercado oficial.
Existiría una forma de hacer desaparecer de un saque el mercado paralelo del dólar: eliminar totalmente los controles de capitales, tanto para la entrada como para la salida y dejar que el precio del dólar se fije libremente en un mercado totalmente libre. El Banco Central podrá intervenir vendiendo o comprando dólares, según en que dirección quiera modificar el precio de esa moneda, pero la libertad cambiaria hará que desaparezca el mercado paralelo. Lamentablemente esto no es algo que entra dentro del sistema de pensamiento económico del Gobierno actual. |