Por LEANDRO GABIN - Esta vez se sintió con más fuerza el cimbronazo financiero en la Argentina. El lunes las bajas habían sido acotadas, incluso con poco volumen, algo que sólo marcaba la espera de los inversores. Pero ayer el temor creció y como consecuencia los activos de riesgo, como los locales, sufrieron más que otras plazas. Tanto bonos como acciones derraparon con fuerza, algo que de todas formas podría haber sido peor de no haber sido por la recuperación de Wall Street en el último tramo de la rueda.
Incluso el pánico hizo que los grandes jugadores del mercado cambiario (léase bancos y empresas) demandaran más dólares para cubrirse.
Hubo un tiroteo entre los grandes bancos para desprenderse de los bonos. Esta vez se vieron cómo salían a desarmar posiciones en títulos públicos, no hubo distinción entre los de pesos y los de dólares, decía el operador de un importante banco extranjero. En el Mercado Abierto Electrónico (MAE) se vieron bajas de hasta 2,30% pero que supieron ser mayores. De todas formas, los bonos acumulan pérdidas de 8% en las últimas ruedas. Los títulos cortos en pesos cayeron más de 2%, mientras que los de dólares (como los Bodenes 12 y 15) cedieron 0,50% en promedio. Como ahora los inversores están cuantificando el menor crecimiento económico mundial por la catástrofe de Japón, esto impactó de lleno en los cupones atados al PBI: perdieron entre 1,5% y 2% tomando las series en moneda dura y en pesos.
El aliciente, según comentaban en las mesas de dinero, es que el IPC del Moreno fue un poco mejor al esperado. El mercado pensaba un 0,50% cuando finalmente el desprestigiado organismo informó un 0,7%. Como siempre, al haber huida en bonos se disparó el dólar contado con liquidación, operación que consiste en comprar títulos en la plaza local y venderlos en el exterior para fugar divisas. El tipo de cambio que surge de esta operatoria llegó a alcanzar $ 4,235 pero cedió a la par de la recuperación de los bonos. Finalmente los inversores pagaban un dólar de $ 4,22 para fugar capitales al exterior. Otro termómetro del pánico que se vivió fue el riesgo país, que cerró arañando los 600 puntos básicos cuando a mediados de enero se situaba en 460.
El dólar en el mercado formal también se recalentó. Llamó la atención que aparecieron bancos y empresas demandando billetes verdes, algo que hasta hace muy poco era inimaginable. Esta mayor presión hizo que el billete mayorista saltara de $ 4,029 (el cierre del lunes) a $ 4,038. Luego el mercado entró en un descenso de precios para estabilizarse a niveles más bajos ($ 4,032) donde se mantuvo por gran parte de la jornada hasta que sobre el cierre el BCRA decidió tomar las posturas de ventas que había en las pantallas para darle un empujón adicional hacia arriba.
La autoridad monetaria compró unos u$s 25 millones para impulsar el dólar a un cierre de $ 4,035. En las casas de cambio no hubo movimientos y clausuró en $ 4,06. De todas formas se advierte una presión al alza del billete minorista que se dará tarde o temprano a lo sumo que el mayorista se desinfle (algo poco probable). Por su parte, en el mercado marginal, el blue volvió a escalar nuevamente y trepó a $ 4,16 cuando el día anterior estaba casi 3 centavos más barato.
Por último, las acciones se llevaron la peor parte. El Merval derrapó 2,82% (supo estar más de 4% abajo) y acumula una merma de 6% en las últimas seis ruedas. Entre los papeles que más bajaron se ubicaron YPF (-7%), Transener (-5,59%) y Banco Hipotecario (-4,81%). El volumen se duplicó ayer, con lo cual los inversores convalidaron las bajas.