Por Julián Guarino - Vio alguna vez un cisne negro? Allá por 1690, nadie había visto uno. Nunca. En rigor, en aquella época existían hasta teorías que explicaban por qué los cisnes eran blancos. El problema llegó algunos años después, cuando una expedición en Australia descubrió un grupo de cisnes negros. Conclusión: siempre puede aparecer algo inesperado y cambiarlo... todo. En 2007, Nassim Taleb describió como cisne negro a un suceso con tres características básicas: gran impacto, difícil de predecir y que sobrepasa las expectativas aceptadas. En las últimas horas ya todos hablan del cisne negro: terremoto, tsunami, crisis nuclear. El pesimismo parece tener casa matriz en Japón pero haberse instalado también en el resto del mundo. Esto le deparó ayer una caída del 2% al índice Dow Jones en Estados Unidos que perdió así toda la ganancia de 2011, mientras que el Merval volvió a retroceder 2% en una jornada donde la mayor parte de las bolsas sufrieron recortes en sus precios. Tokio había comenzado el día con un rebote de 5,6% pero anoche volvía a caer 4% en la apertura del mercado. Pese a que la bolsa de Tokio recuperó parcialmente su derrumbe anterior, comentarios posteriores sobre los dramáticos peligros nucleares y sus posibles consecuencias volvieron a abatir a los principales mercados mundiales, señaló Roberto Drimer, de Vatnet Research. Las compañías japonesas que cotizan en la Bolsa de Nueva York registraron fuertes descensos, como los fabricantes automovilísticos Honda (-4,3%) y Toyota (-1,2%) o la tecnológica Sony (-3,3%). El economista Luis Palma Cané sostuvo que a la fecha, la caída de los mercados globales se debe básicamente a la incertidumbre generada por el terremoto. Despejando la probabilidad de una crisis nuclear, Cané señaló que si bien existen factores de riesgo, el escenario futuro de mayor probabilidad es el de una incertidumbre disminuyendo, un Japón creciendo hacia el segundo semestre impulsado por la inversión pública y una economía mundial consolidando su recuperación, con todas las consecuencias positivas que implicaría para los mercados. De todas maneras las fuertes caídas de ayer coincidían con el deterioro de un reactor tras otro en la central japonesa de Fukushima, que siguió alimentando el temor a un desastre nuclear, sin que los desesperados intentos para controlar una fuga radiactiva abrieran un resquicio a la esperanza. El comisario europeo de Energía, Günther Oettinger, afianzó el pánico al advertir que la planta estaba prácticamente fuera de control y aventurar que se corría el riesgo de una nueva catástrofe de gran peligro para los habitantes. Los descensos en Wall Street se vieron reforzados además por noticias macroeconómicas que no cumplieron con las expectativas, entre ellas el aumento del índice de precios de productor (IPP) de EE.UU. del 1,6% en febrero, el mayor crecimiento del índice desde junio de 2009. |