Por PAULA LÓPEZ - Los gobiernos del Mercosur comenzaron a delinear una estrategia para rechazar cualquier intento por regular los precios de los commodities agrícolas, como forma de contener las fuertes alzas de alimentos.
Tras la propuesta que Francia elevara a principios de año al G-20, y que fracasó por el rechazo de los países productores como EE.UU., China, Brasil y Argentina, para regular los precios con el argumento de que millones de personas cayeran en la extrema pobreza, los países de América latina entendieron que los intentos de regulación pueden volver en cualquier momento, dada la presión alcista sobre las materias primas agrarias, que hace que los valores de la soja y el maíz se encuentren en niveles cercanos a los récord de 2008. Los precio de ambos granos están 50% por encima de un año atrás y que el trigo vale 64% más que en abril de 2010.
En el marco de la reunión ordinaria del Consejo Agropecuario del Sur (CAS), el ministro Agricultura argentino, Julián Domínguez, junto a sus pares Wagner Rossi (Brasil); Nemesia Achacollo (Bolivia); Enzo Cardoso (Paraguay); José Antonio Galilea (Chile) y el viceministro de Agricultura uruguayo, Daniel Garín, firmaron una declaración el viernes en la que defienden el libre comercio y sostienen que el debate debe instalarse en el marco de la próxima reunión de la ronda de Doha.
El precio de los alimentos estuvo subvaluado en los últimos 30 años y ningún país del primer mundo vino a decirnos que había que intervenir. Lo hacen ahora, cuando América latina crece con esto y es de las pocas regiones que está en condiciones de incrementar su oferta de alimentos al mundo, cuestionó Rossi, quien ejerce la presidencia pro tempore del CAS.
El ministro de Agricultura brasileño remarcó la visión compartida con Argentina respecto de que la única manera de bajar los precios de los alimentos es aumentar la producción agrícola. Y planteó América del Sur es uno de los pocos lugares del mundo, además de África, con tierras fértiles y condiciones para ampliar la oferta de productos agrícolas.
En la declaración final, sin mencionar a Francia, el CAS cuestionó que algunos países quieren garantizar la seguridad alimentaria regulando los precios, cuando en realidad eso desincentivará la producción agropecuaria en los países en condiciones de incrementar la oferta global de alimentos.
Además, los ministros del CAS sostuvieron que la volatilidad de los precios está por encima de la media histórica y plantearon que los altos valores de las materias primas no son la principal causa del hambre en el mundo, sino la pobreza estructural a nivel global.