Por LEANDRO GABIN - La disparada del dólar en los carriles informales (y en menor medida, en el circuito formal) está pulverizando a los bonos argentinos. La reciente escalada del billete verde, que se aceleró cuando el Gobierno dispuso de mayores directores en las empresas privadas, tuvo su correlato en la plaza de títulos públicos, principalmente los de pesos. Ayer, la película volvió a repetirse: el dólar en casas de cambio subió a $ 4,11; el contado con liquidación –para fugar divisas– trepó a $ 4,30 y el billete marginal se operó en $ 4,315. El resultado, caídas de hasta 4% en la deuda argentina. La secuencia, explican en las mesas de dinero de las principales entidades financieras, es lógica: los inversores, tanto locales como del exterior, aceleran la dolarización de carteras. Al ver que el tipo de cambio regulado (léase, donde interviene el BCRA) y el libre escalan, desarman posiciones a como dé lugar. Nadie quiere tener en cartera bonos argentinos. Mucho menos los de pesos. Porque se percibe que el tipo de cambio no está tan anclado como se creía. Todos venden, reseñaba un operador bancario. Los inversores venden sus tenencias en bonos en pesos para pasarse a dólares, o en el caso de los extranjeros para repatriar esos fondos. Es el costo del reacomodamiento cambiario que está teniendo lugar en la Argentina. De hecho, los números lo demuestran. Desde que se publicó el DNU oficial, el dólar spot pasó de $ 4,055 a $ 4,085; el blue voló desde $ 4,17 a $ 4,315; en casas de cambio (minorista) subió de $ 4,08 a $ 4,11; y el contado con liquidación pasó de $ 4,20 a $ 4,30. A la par, en el mundo de los bonos y con altibajos, el Discount en pesos retrocedió 6%. Si hay una estrategia dominante entre los inversores es vender o evitar los bonos con CER, dice tajante Siobhan Morden, analista de mercados emergentes de Royal Bank of Scotland. Esto no tiene que ver con la elecciones. El tipo de cambio todavía sirve como una ancla a la inflación contra el enorme estímulo monetario y fiscal. Si embargo, una reelección de Cristina y el mantenimiento del status quo, sugiere que el tipo de cambio tendrá que ser ajustado, advierte. Las emisiones en pesos, para peor, chocan con un mercado poco líquido. O sea, cuando el inversor quiere vender no encuentra demasiados compradores, y el precio (ultra-desinflado) lo colocan los pocos que quieren comprar. Por eso se operan con precio bajos. |