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| ¿En camino a la renegociación de deuda? |
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10/05 - 10:23 Ambito Financiero |
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| | Por: José Siaba Serrate - Mayo acuna dos aniversarios sensibles. A nadie se le ocurrió rememorar el «flash crash» del día 6 organizando una réplica de aquel fugaz derrumbe del índice Dow Jones. La crisis europea es diferente. Se diría que Atenas bien vale una misa. Y lo que se montó para recordar su vigencia es la liturgia de una kermés. Primero fueron las declaraciones oficiales de funcionarios alemanes de alto rango -»la reestructuración de la deuda griega no sería un desastre»-. La semana pasada se sumaron las afirmaciones «off the record». Así, la revista Der Spiegel avisó que Grecia presiona con abandonar el euro. Lo que se desmintió tajante (hasta por quienes presumiblemente proporcionaron la información). La otra primicia se confirmó: una reunión ministerial de urgencia en Luxemburgo. Era secreta hasta que Der Spiegel la reveló. No versaría sobre Grecia -dijo Jean-Claude Juncker, el titular del eurogrupo- pero todas las crónicas coinciden en un nuevo programa económico para Atenas. Y todas mencionan la oposición de Gran Bretaña y Finlandia. No hay un boceto que pueda considerarse definitivo porque el corte final se reserva para la reunión del eurogrupo el próximo 16, más la flexibilización de las condiciones de la asistencia a Grecia -y hasta el aumento de la misma- debe tomarse ya como un hecho inexorable.
¿Se incluirá una reestructuración de la deuda griega? Entre las versiones que circulan figura la noción «de acordar una posible quita moderada de la deuda soberana en poder de los acreedores privados» (según El País, de Madrid). ¿Dónde anida la ligereza? ¿En quienes confeccionan el cambio de planes o sólo en el rumor? No se sabe, pero se intuye. La idea está sobre la mesa hace tiempo (por no decir desde el principio, cuando se solía citar al Tratado de Lisboa como impedimento para un rescate) aunque finalmente se la deseche una y otra vez. Un mes atrás, el Wall Street Journal consignó que para el FMI la deuda era «insostenible» y que Grecia se vería obligada a refinanciarla en 2012. ¿La presunta recomendación del FMI a las autoridades europeas? Considerar la reestructuración de inmediato. Desde ya, su titular, Dominique Strauss-Kahn, negó la posibilidad: «Seguimos como estaba planeado. Los mercados pueden especular durante horas (sic), pero la posición del FMI no va a cambiar». ¿A quién creerle? A ambos. Después de todo, el Fondo también prescribe cirugía para la deuda de Irlanda según fuentes confiables (independiente de las anteriores). En ese caso, la intervención se limitaría a las obligaciones de los bancos (perfectamente criterioso para Irlanda, no es solución del problema griego). Y el Gobierno irlandés -en su momento, el de Brian Lenihan- estuvo en un todo de acuerdo. Aún así, la iniciativa no prosperó. Europa dijo no (y también Tim Geithner, el secretario del Tesoro de los EE.UU.). La oposición más férrea, la del Banco Central Europeo (BCE) que tras prestarle 160 mil millones de euros a la banca irlandesa más que su principal acreedor es su verdadero dueño. Pero Strauss-Kahn también lleva razón. El FMI no sacó los pies del plato. Y resulta creíble que no lo haga mientras la Unión Europea -su socio en los rescates (y, a la vez, accionista importante del FMI)- deshoja la margarita. Aquí vale consignar los cortocircuitos dentro de Europa. En especial, el entuerto entre los gobiernos y el BCE. El Banco Central es el paladín contra la reestructuración, pugna por recortar su exposición a los países sensibles (de ahí el freno a la compra de bonos y la reducción de redescuentos) y pide el compromiso de mayores recursos fiscales para estabilizar la situación (y poder desligarse). Los gobiernos (que deberán nombrar al sucesor de Trichet en el BCE) están en la vereda de enfrente. La crisis les carcome el electorado. Rastrillar el presupuesto para derivar nuevos recursos a Grecia es una proposición funesta hasta en la boyante Alemania (allí más que en ningún lado). No obstante, si hay que hacerlo, se hará. Así ocurrió con el rescate original a Atenas un año atrás. Pero se buscará un quid pro quo, una coartada que permita salvar el rostro. Allí pertenece la idea del «bail in», de afectar recursos del sector privado en un «trato comparable», con el afán de mostrar que la iniciativa no es lo que es. Que quede claro, Europa diseñó una hoja de ruta y la reestructuración está expresamente tachada -como si fuera la doble generala- hasta fines de junio de 2013. Pero la tentación de una refinanciación a la uruguaya -compatible con la quita moderada que cita El País- es grande. Y creciente. El viceministro alemán de Relaciones Exteriores, Werner Hoyer, cuando dijo que la reestructuración griega no sería un desastre, agregó que su país apoyaría un esfuerzo voluntario para suavizar los términos de pago. Las puertas a un canje «amistoso» de la deuda en manos de acreedores privados, que extienda plazos a tasas sustancialmente más bajas que las de mercado, están abiertas. Aunque se sepa que el esfuerzo sea, en el mejor de los casos, muy insuficiente o totalmente inútil. Su función decorativa no debe ser menospreciada. En ese sentido, la decisión de Standard & Poors de rebajar la nota de los pasivos de Grecia de BB menos a B (y los de corto plazo, de B a C) es un paraguas para la eventualidad de dicha prórroga «voluntaria» de vencimientos.
Entiéndase bien: una reestructuración eficaz deberá ser profunda. Y requeriría aislamiento, la existencia de un cordón sanitario que Europa no puede garantizar. Irlanda y Portugal no zafaron del dominó. Y la batalla por la asepsia se libra en torno a España (y no muy lejos, Bélgica e Italia). Arriesgarlo todo provocando un nuevo estremecimiento sería descabellado. La banca europea carece de la solidez patrimonial para afrontar el trance. De ahí, la pretensión de rolar todos los obstáculos hasta 2013. Mientras sean sólo esos tres países hay capacidad para lograrlo. No importa que se trate de muertos en vida, no habrá default si para cada vencimiento, como hasta ahora, Europa se aviene a que no falten los fondos. La duda podría ser la voluntad, no la disposición de recursos. No se piense aquí sólo en la rigidez de Angela Merkel. No es en el interés de Grecia, por cierto, que se dilata la solución. Por eso Der Spiegel es verosímil. Es la banca acreedora la que necesita ganar tiempo. La de Alemania, Francia y Gran Bretaña a la cabeza. Si Grecia ya volcó, ¿por qué querría seguir pagando el taxi en el que se alejan los demás? |
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