Por Jorge Oviedo - El mayor problema para el nivel general de actividad económica desde la crisis con el campo. Eso es lo que debería afrontar el oficialismo en el tramo final hacia las elecciones de octubre si Brasil cumple con las restricciones a las importaciones anunciadas ayer.La ministra de Industria, Débora Giorgi, se quejó ayer de la medida, que calificó de "intempestiva" y reconoció que puede afectar la mitad del comercio bilateral con el mayor socio del Mercosur. No es poca cosa. La Argentina padece desde 2009 una paulatina caída de su superávit de balanza comercial en parte debido a la inflación en dólares generada por el alto nivel del aumento de los precios en pesos, que no tiene correlación con el ritmo de devaluación. Las respuestas del Gobierno han sido las diseñadas por el sorprendente Guillermo Moreno: el grosero falseamiento de las estadísticas de precios y una política de prohibición tácita de entrada de bienes extranjeros. "Un día las cosas que se hacen mal terminan generando consecuencias; Moreno impuso esta política, aunque ahora Débora Giorgi dice que es de ella", señaló un empresario, que ilustró: "Dicen que tienen un esquema de sustitución de importaciones, pero lo que ejecutan es una política de persecución de importadores". Pero el Gobierno no parece querer, como dice, defender la industria y la producción nacionales, sino conservar el cada vez menor saldo favorable de divisas. La balanza comercial dejó en 2009 un superávit equivalente a 5,45% del PBI, que se redujo a 3,26% en 2010 y a sólo 3,16% en los doce meses entre abril de 2010 y marzo último, según datos de la consultora Crowe Horwath. La esperanza del aumento de las ventas externas durante el presente año está fundada en el alto precio de las materias primas y en la fuerte demanda de Brasil, en particular en el sector de automotores y autopartes. El mayor socio del Mercosur es el destino de más del 80% del total que se exporta en automotores y el 60% en repuestos. Están involucradas ventas por un total de unos US$ 7000 millones, según los cálculos de la consultora abeceb.com. Las trabas de Brasil a las compras externas no involucran sólo a la Argentina y se extienden a otros países productores de automotores y autopartes, pero en el caso de nuestro país son vistos como una natural consecuencia de una larga serie de encontronazos entre los dos países a causa de las políticas intempestivas y casi nunca escritas de Moreno, que detienen sin previo aviso toda clase de productos en la Aduana. El Gobierno ha mantenido una escalada de persecución a importadores de toda clase de bienes, exigiéndoles que exporten por la misma cantidad que compran en el exterior, incluso aunque se trate de compañías que ni siquiera producen bienes. Y aunque la presidenta Cristina Kirchner se ha despegado de otras políticas conflictivas, como las del camionero Hugo Moyano, ha mantenido en cambio un inconmovible respaldo a Moreno, con quien ayer se mostró en público en un acto en José C. Paz. Chile tiene en marcha también medidas de restricciones, y las arbitrarias prohibiciones a productos europeos han postergado sin fecha la posibilidad de negociar acuerdos entre la UE y el Mercosur, afirman los empresarios. La única esperanza para el Gobierno es que Brasil haya aplicado un duro golpe para luego negociar. Sin embargo, el gobierno de Dilma Rouseff enfrenta una apreciación nominal de su moneda y es normal que en esa situación trate de limitar la entrada de bienes extranjeros. El problema no lo tendría la Argentina si fuera cierto el discurso oficial que asegura que no hay inflación y que se mantiene un tipo de cambio competitivo. La situación es la inversa. La Argentina ha perdido competitividad con todos los países que tienen su economía atada al debilitado dólar norteamericano, como México. Las restricciones intempestivas a la entrada de vehículos de fuera del Mercosur y México comenzaron este año por decisión de Moreno, cuando bloqueó en la Aduana miles de unidades que ya tenían la autorización de ingreso y que en muchos casos habían sido pagadas por sus compradores. La situación encontró alguna clase de solución con terminales que producen bienes aquí y anunciaron planes de compensación de las compras externas con mayores ventas al exterior. "Es probable que los brasileños aflojen algo si hay una negociación seria, pero alguna restricción quedará; lo peor sería que se desate una guerra comercial y aparezcan colas de camiones varados en los dos lados de la frontera", señaló otro directivo. |