El clima de euforia con que Wall Street recibió ayer el ingreso de la red social profesional LinkedIn, que se llegó a operar a un precio 171% superior al de su colocación primaria (marcó un máximo intradiario de 121,97 dólares) antes de cerrar a 94,50 dólares, es decir, con una cotización 109% por encima de los US$ 45 a que antenoche se habían terminado de vender los 7,84 millones de acciones de su emisión primaria, reabrió el debate sobre el peligro de que se repitan burbujas especulativas en el sector. Después de todo, hay que tener en cuenta que sólo una semana antes del primer precio anunciado por la empresa era de entre 32 y 35 dólares. Y que, de esta manera, la empresa (que tuvo beneficios por 3,4 millones de dólares en 2010, tras una pérdida de 4 millones el año previo) pasó a tener una valorización que ahora ronda los US$ 8000 millones. Las acciones de esta red terminaron así el día con una desproporción de precio-ingreso de 554 veces, un valor que recuerda a las acciones de Internet a fines de la década de 1990, cuando surgió la burbuja tecnológica. Sólo para comparar, este ratio promedio para otras tecnológicas, como Apple y Google, es de 15 veces. Lo que quedó claro es que con semejante desembarco quedó allanado el camino a la Bolsa del resto de las redes, a quienes se aguarda para 2012, una lista que incluye a Twitter y la líder Facebook, entre otras. 554 Es el número por el que deben multiplicarse las últimas ganancias declaradas por LinkedIn para llegar al valor al que cerró el papel ayer. Javier Blanco
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