Por Jorge Oviedo - Muchos erradamente, y otros seguramente y desde ahora malintencionadamente, tienden a asociar a Javier González Fraga con lo que hoy se llama el "neoliberalismo de los 90".Es producto de que en dos ocasiones fue presidente del Banco Central durante la primera parte de la primera presidencia de Carlos Menem. A Javier González Fraga le tocó lidiar con la estanflación del período en que la Argentina se arriesgaba a volver a la hiperinflación. Se las ingenió, no obstante, para acumular, en ese contexto desfavorable, las reservas con las que luego Domingo Cavallo, tras aplicar una fuerte devaluación, lanzó la convertibilidad. Se fue del gobierno de Carlos Menem en enero de 1991 dando un portazo, aunque siempre habló con agradecimiento del riojano por haberlo puesto a los 40 años al frente del Banco Central. El actual candidato a vicepresidente de Ricardo Alfonsín es un enemigo de los tipos de cambio fijos y, en cambio, su visión es mucho más cercana a lo que se podría llamar el "primer kirchnerismo", en el que el ministro de Economía fue Roberto Lavagna, con quien comparten muchas ideas. El compañero de fórmula de Alfonsín defiende el tipo de cambio alto con superávit fiscal también alto. Justamente, debe ser el Tesoro con sus excedentes el que contribuya a mantener el dólar elevado, comprando buena parte de lo que ingresa por exportaciones. De otro modo, dice González Fraga, pasa lo que él dice que comenzó en 2007. Para que el dólar no baje de valor, el que compra es el Banco Central, que imprime billetes, y por ello hay inflación. En definitiva, el tipo de cambio se atrasa con los precios locales subiendo y el dólar atado. La recuperación de las cuentas superavitarias requeriría muchas cosas y el actual candidato a vice se ha manifestado muchas veces en contra de los subsidios a las tarifas públicas que benefician a quienes tienen recursos de sobra como para poder pagarlas. En políticas cambiarias reconoce como una marca personal la necesidad de que exista "suficiente incertidumbre" como para limitar la especulación. Pero también es enemigo de limitarlas presiones cambiarias subiendo las tasas de interés. Es decir, "suficiente incertidumbre", pero no demasiada. La señal de Alfonsín al elegir a su compañero de fórmula parece un intento de recuperar los mejores resultados de lo que el Gobierno llama "modelo", con tipo de cambio alto y precios bajo control. Es también un modo de decir claramente que se pretende controlar la inflación sin enfriar la economía. González Fraga tiene, además, antecedentes como empresario. Fundó y presidió La Salamandra, hasta que se la vendió a Cristina Miguens, y él sólo se quedó como productor de la leche de búfala que él mismo había introducido en los productos como novedad en el país. Peleando contra el atraso cambiario de finales de la convertibilidad ganó incluso premios internacionales. Como Lavagna, cree que la convertibilidad fue un gran error de Cavallo, a quien en lo personal muchas veces ha defendido. No se opuso a que se usaran reservas del BCRA para pagar deudas. Y como profesor universitario y columnista en medios de comunicación ha intentado siempre expresarse en términos claros y sencillos. Alfonsín parece apostar a la recreación del clima económico que llevó en 2007 a Cristina Kirchner a ganar en primera vuelta. |