Los principales mercados del mundo confirmaron ayer que operan en un precario equilibrio a la espera de novedades que, por ejemplo, les permitan dilucidar el rumbo de la economía en EE.UU. o prever el desenlace de la crisis de la deuda en Grecia (para la calificadora S&P, ese país ya es más riesgoso que Ecuador; Jamaica o Paquistán) antes de decidir sus nuevas apuestas. Este clima de apatía tiene epicentro en Wall Street (plaza que ayer cerró estable, pero lleva seis semanas en baja), y en el equilibrio que parece haber encontrado la tasa del T-Bond a 10 años, en torno al 3% anual en las últimas semanas, fenómeno que se ha revelado particularmente nocivo para los mercados emergentes. Así lo revelan los derrapes del Bovespa (que quedó ayer en su menor nivel en 11 meses tras ceder otro 1,08%) y el Merval porteño (retrocedió el 0,78%, hasta los precios de comienzos de noviembre, y quedó a un paso de perforar los 3200 puntos) que, abandonados a su suerte, no encuentran motivos para despegarse del contexto externo al no atraer capitales. Al parecer, se trata de un panorama al que habrá que estar atentos. "Es momento para privilegiar estrategias defensivas a corto plazo hasta que se aclare el panorama global y lleguen, además, importantes definiciones políticas y económicas internas, claves en vista de las próximas elecciones", sugirió el analista Gustavo Ber, al examinar la coyuntura. US$ 22 Es la diferencia de precio entre el barril de WTI, que ayer perdió otros US$ 2 (quedó a 97,30), y el Brent, que subió 0,1% y cerró a US$ 119,10. Javier Blanco
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