Por Oliver Galak - Entre el entusiasmo por la casi certeza de que será un año récord en producción , exportación y ventas, y el alivio por el principio de normalización en el comercio con Brasil, está surgiendo en la industria automotriz una inquietud cada vez más fuerte por la pérdida de competitividad que afecta a la región como consecuencia de la aceleración en los aumentos de los costos. La suba de los precios de las commodities que el sector utiliza como insumos -básicamente la chapa y el plástico-, la fortaleza del real brasileño frente a otras monedas y la inflación en dólares que afecta a la Argentina formaron un combo que amenaza la capacidad exportadora de las terminales radicadas en América del Sur. Esta, al menos, fue la sensación que dejó entrever la mayoría de los presidentes de las automotrices que participaron ayer de la apertura para la prensa del 5º Salón Internacional del Automóvil en Buenos Aires. "El tema que más me preocupa en la región es el de los costos, en todos los países, no sólo en la Argentina -afirmó el colombiano Jaime Ardila, presidente de General Motors (GM) Sudamérica-. Hay aumentos de costos laborales por encima de la inflación y aumentos de los materiales, en un contexto con monedas que en general son fuertes. La industria en América latina está perdiendo competitividad y puede llegar a perderla aún más rápidamente." La visión no es muy distinta entre los ejecutivos argentinos. El presidente de la Asociación de Fábricas de Automotres (Adefa), Aníbal Borderes, consideró que la industria automotriz local debe "mirar muy seriamente sus costos" para poder seguir exportando a otros mercados en los que la moneda no esté tan revaluada frente al dólar. Coincidió con los presidentes de Ford, Enrique Alemañy, y de Renault, Dominique Maciet, en que para las terminales las materias primas han representado una suba de costos aún mayor que los salarios, pero aclaró que "las autopartistas son las que más sufren por el costo laboral" porque emplean mayor cantidad de mano de obra. Según Ardila, las materias primas sufrieron incrementos de entre el 20 y el 30% en dólares durante el último año. El paraguas salvador del Mercosur Viktor Klima, máxima autoridad de Volkswagen Argentina, confirmó que "los costos de producción, tanto en Brasil como en la Argentina, están creciendo" y explicó que si el problema aún no afectó los niveles de producción y ventas es porque las terminales radicadas en el Mercosur tienen "la gran ventaja de una protección de arancel del 35 por ciento contra las importaciones extrabloque". En ese sentido, sostuvo que el desafío es poder mantener la competitividad para seguir exportando. "Hoy en Chile un auto importado de Corea es más barato que un auto importado de la Argentina", dijo a modo de ejemplo. Como suele ocurrir, fue Cristiano Rattazzi, presidente de Fiat Auto Argentina, el menos reacio a abordar sin rodeos los conceptos que podrían ser irritativos para el Gobierno. De hecho, aprovechó su discurso de apertura del stand de Fiat para cuestionar algunos aspectos de la política económica, entre ellos, "la inflación, que nos resta competitividad y que castiga muy especialmente a los sectores de menores recursos". También reclamó el "reordenamiento sustentable de la compleja trama de tarifas y subsidios" y se quejó de "un sistema tributario que se excede en impuestos distorsivos". Rattazzi consideró que en las últimas semanas volvieron "las luces amarillas" por el diferendo con Brasil, que atribuyó a "desinteligencias de formas y caprichos en esquemas de regulación de los flujos comerciales". Luego aclaró que la Argentina no tendrá grandes inconvenientes en el corto plazo debido al crecimiento de Brasil y a los "extraordinarios precios" de las commodities que el país exporta. En otro párrafo se mostró, en cambio, agradecido con el Gobierno: fue cuando destacó los avances de Fiat en el desarrollo de proveedores locales gracias al crédito del Bicentenario por 565 millones de pesos que recibió a fines de 2010. Otro de los que pidieron "que a futuro no se den mayores subas de los costos en dólares" fue Alemañy, de Ford. Aunque antes de que hubiera tiempo de repreguntarle se apresuró a aclarar: "No soy partidario de una devaluación. Trabajemos para mantener la competitividad, porque ésta es una industria enfocada a la exportación". Con todo, en el sector aducen que debido a la multiplicidad de marcas y el desarrollo de las diferentes compañías, no tienen mucho margen para trasladar los mayores costos a los precios de los productos. Maciet indicó que los precios de los autos han aumentado "bastante por debajo de la inflación". En el caso de Renault, fue entre 4 y 5% en lo que va del año. Para el Indec, la inflación en ese período fue de 3,9%; para las consultoras privadas, cercana al 10 por ciento. En cuanto a las proyecciones para este año, siguen en alza. En producción se habla de un piso de 800.000 unidades, aunque algunos arriesgan hasta 840.000 vehículos. Las ventas del mercado interno podrían ubicarse entre 780.000 y 800.000 unidades. Ambos serían récords históricos, aunque algunos empresarios -como Sergio Rocha, presidente de GM Argentina- advierten que en 2012 el mercado podría mantenerse en esos niveles pero sin crecer, porque ya habría llegado a una especie de techo. POR LOS PASILLOSSe abrió la frontera con Brasil, pero no del todo La resolución del conflicto comercial con Brasil distendió los ánimos en el sector, aunque no despejó del todo las dudas. Varios fueron los que comentaron que, entre ayer y anteayer, habían logrado ingresar sus productos en Brasil: Fiat (3600 unidades), General Motors (1500), Volkswagen (3500), Toyota (1300) y Ford (7050 vehículos). En el Gobierno afirman que, desde que el socio mayor del Mercosur acordó limitar a 10 días el plazo para autorizar las importaciones, los envíos liberados son por unas 25.000 unidades. Sin embargo, un gerente de una automotriz alemana estimó que queda otro tanto esperando entrar en el país vecino. Automóviles sí; soja, vinos y biodiésel, no Las estrategias que tuvieron que diseñar varias empresas para que el Gobierno las deje seguir importando autos -desde la exportación de soja y vino hasta inversiones en plantas de biodiésel- despertaron no pocas ironías entre los ejecutivos del sector. "No nos gusta cuando por una política del Gobierno las empresas tienen que tomar medidas irracionales. Yo preferiría no tener que exportar soja, porque no sé nada de eso", dijo por caso Jaime Ardila, de General Motors, aunque luego aclaró que el plan de su compañía para seguir importando tuvo "racionalidad". |