El alivio por el desembolso de un nuevo tramo del rescate para Grecia empieza a quedar atrás. La semana pasada, la aprobación de un feroz ajuste en ese paísque posibilitó la liberación de los fondos y el principio de acuerdo de la banca europea para un canje de deuda que estire los plazos de los vencimientos griegos había tranquilizado al mercado, ansioso por dar vuelta la página de la pesadilla griega. Pero la saga europea todavía tiene varias sorpresas bajo la manga. A la advertencia del lunes de Standard & Poors, que aclaró que el actual plan de refinanciación bajo estudio equivaldría a un default a los efectos de la calificación, se sumó ayer la decisión de otra calificadora de riesgo, esta vez Moodys, de rebajar la nota de Portugal y llevarla a territorio especulativo. Esto es, lo que en la jerga suele conocerse como nivel basura. La noticia reavivó las dudas y el temor a un efecto dominó que arrase con Europa volvió a quedar a flor de piel. Si bien no hubo desplomes en los mercados bursátiles, el cambio de ánimo se hizo sentir de forma rotunda. Wall Street, que venía de su mejor semana en dos años, retrocedió ayer 0,10% (Dow Jones). En Europa, las bolsas terminaron con rojos de hasta 1,4%. En la Argentina, el Merval pudo despegarse un poco del ánimo lúgubre de los mercados externos, aunque no sumó más de 0,35% (séptima rueda consecutiva al alza). El euro, en tanto, retrocedió a un mínimo de la sesión de 1,44 dólares, tras haber trepado 2% la semana pasada. A todo esto, la banca internacional se reunía en París para discutir el plan propuesto por Francia para que el sector privado contribuya al rescate de Grecia renovando en forma voluntaria los bonos helenos. Según las fuentes, una mayor claridad en el tratamiento contable del plan de Francia seguía siendo un asunto clave para avanzar. La urgencia está clara. Los depósitos en los bancos griegos sufrieron en mayo su mayor caída en un año con un retroceso de 2,5%, según los datos oficiales publicados ayer por el banco central de ese país. Pasaron de 196. 800 millones de euros en abril a 191.900 millones de euros en mayo. La contracción de 4.900 millones de euros es la mayor desde abril del 2010 (5.100 millones de euros) cuando el primer ministro griego buscaba un rescate que salvara al país. El nivel de depósitos cayó todos los meses de este año, con un rojo acumulado de 17.700 millones de euros desde diciembre (8,4%). Durante el año 2010, la caída había alcanzado los 29.100 millones de euros, el equivalente a un descenso del 12,2%. Así, el fantasma de una corrida bancaria a la argentina se profundiza en la periferia europea, donde los pequeños ahorristas también temen por su dinero. Una buena señal en medio de la tormenta fue el anuncio del Banco Central Europeo (BCE), que continuará aceptando deuda soberana de Grecia como garantía en sus operaciones de adjudicación de liquidez a las entidades financieras mientras los bonos de ese país no reciban la calificación de impago de las cuatro agencias de rating aceptadas por la entidad. El apoyo continuado por parte del BCE resulta vital para Atenas, puesto que los bancos griegos dependen casi totalmente de la financiación procedente de la entidad. Por eso, los analistas temen que una postura más estricta por parte del BCE supondría el colapso del sistema bancario heleno, que el mes pasado elevó a 100.000 millones de euros los préstamos recibidos de la institución. |