Por MATÍAS BARBERÍA - El proceso inflacionario global tiene en la Argentina a uno de sus máximos exponentes, junto con su vecino y socio Brasil. Los precios al consumidor medidos en dólares alcanzaron en mayo pasado un nivel 1,5% mayor al de diciembre de 2001, últimos días del uno a uno. El desajuste, que genera problemas de competitividad, explica la apuesta de los inversores por una corrección de relevancia en el tipo de cambio para después de las elecciones de octubre próximo.
La apreciación de buena parte de las monedas del mundo respecto del dólar no es una novedad desde que, luego de la caída de Lehman, la Reserva Federal de los Estados Unidos iniciara un proceso de debilitamiento del dólar con la esperanza de resucitar su alicaída economía. Al mismo tiempo, la suba de los precios de los commoditties fogonearon la suba de los índices de precios en todo el mundo.
Dentro de ese fenómeno mundial, la apreciación del peso argentino se destaca por su virulencia.
Evidentemente a la Argentina le está pasando lo mismo que al resto del mundo, pero de una forma más pronunciada, explicó Andrés Méndez, titular de Actividad, Moneda y Finanzas (AMF).
Según un informe de AMF, tras el fuerte abaratamiento de los costos domésticos durante el primer año de la post convertibilidad, en los años siguientes se consolidó una suba que rondó el 10% anual en dólares. Esa tendencia se rompió el año pasado, con una abrupta suba del 20% que según estima la consultora este año rondará el 15%.
La Argentina no lidera sola el ranking de la inflación en dólares, sino que pelea cabeza a cabeza con Brasil, aunque los dos procesos sigan lógicas distintas.
La diferencia es la composición. Mientras en el caso de Brasil es la apreciación de la moneda la que genera la inflación en dólares, en Argentina se da por una suba más rápida de los precios locales en un contexto donde el tipo de cambio nominal no sólo no se apreció sino que se depreció, comentó Marina Dal Poggetto, del estudio Bein & Asociados.
La suba de precios en dólares y la apreciación cambiaria supone una señal de alerta para el futuro de las cuentas externas de la Argentina.
A la par de los precios, los salarios en dólares vienen creciendo en torno al 18% anual en los últimos años, una suba que traducida en consumo fue financiada a través del aumento de las importaciones, que fueron erosionando el superávit comercial, un costo insostenible en el largo plazo para la lógica productiva del Gobierno.
La lectura del mercado es que luego de las elecciones, llegarán novedades en el tipo de cambio, de no mediar nuevas fuentes de financiamientos para evitar el bache en las cuentas externas.
O bien se abre el financiamiento en un contexto de moderación en el ritmo de crecimiento del salario en dólares, o bien va a ser necesario un ajuste del consumo de importados vía una corrección cambiaria, comentó Dal Poggetto.
Con ese escenario en vista es que se dolarizan las carteras. Conociendo la forma de pensar del Gobierno, el mercado se está adelantando a una suba del dólar para el año próximo, y aprovecha a comprar dólares baratos, comentó Méndez.