Por Michael R. Sesit - ¿Se ha pasado por alto el tan previsto desplome del dólar o es que acaso sencillamente se ha demorado? La pregunta tiene confundidos a los inversionistas internacionales, operadores, economistas y otros participantes del mercado global cambiario, que mueve unos US$1,2 billones al día. A principios de año, muchos pronosticaban que la moneda estadounidense caería un 10% con respecto al euro y un 16% contra el yen, contra las cuales ya había bajado un 29% y un 18%, respectivamente, en los dos últimos años. Pero hasta la fecha el dólar se ha apreciado con relación al euro y al yen. No ha subido mucho, pero sí lo suficiente para frustrar a cualquier inversionista que haya apostado en contra del dólar. Es más, durante gran parte del año, la divisa estadounidense ha fluctuado en un rango entre US$1,18 Y US$1,23 contra el euro y entre 106 y 112 frente al yen. Esta falta de movimiento podría ser bien acogida por los departamentos financieros de las empresas, que batallan por fijar el precio adecuado para sus bienes en el mercado global, pero también es suficiente para enloquecer a cualquier operador de divisas. De todos modos, está creciendo el pesimismo en relación con las perspectivas del dólar. Por ejemplo, Deutsche Bank pronostica que en seis meses el euro se cotizará a US$1,30, la libra británica a US$1,94 y el dólar a 96 yenes. En doce meses, los estrategas del banco alemán ven sus respectivas tasas en US$1,35, US$2 y 92 yenes. Actualmente, el euro se valora en US$1,208, mientras que el dólar se negocia en 108,73 yen. Muchos de los pesimistas creen que la situación en Irak seguirá provocando bajas en la divisa estadounidense. Además, argumentan que la cotización del dólar refleja el alza de un cuarto de punto anunciada ayer por la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), sumado al compromiso de que el aumento de tasas se realizará a un ritmo "mesurado". En suma, creen que el dólar no se beneficiará. Pero lo que más llama la atención de los pesimistas es la expansión del déficit en la cuenta corriente de EE.UU. La brecha ascendió hasta US$144.900 millones, equivalente a un 5,1% del Producto Interno Bruto, durante el primer trimestre, con lo que batió un récord y estuvo muy por encima de las expectativas. Como los estadounidenses no ahorran lo suficiente, los extranjeros deben financiar la brecha, ya sea mediante inversiones directas, la compra de acciones y bonos estadounidenses, préstamos bancarios o alguna otra forma. Y eso es lo que tiene preocupada a mucha gente. Hans Redeker, titular de estrategia global de divisas de BNP Paribas, en Londres, ha señalado que el estancamiento en la economía japonesa está llegando a su fin y la demanda local está creciendo en Asia. Incluso, las altas tasas de interés pueden hacer que los bancos centrales asiáticos intervengan menos (en resumen, que compren menos dólares). "El resultado será que EE.UU. perderá su fuente de financiamiento más importante", dijo. En cuanto termine el primer trimestre de 2005, se pronostica que el dólar llegará a US$1,30 frente al euro y a 90 yenes. Mark McFarland, estratega cambiario de UBS en Londres, dijo que el financiamiento del déficit de cuenta corriente "se volverá cada vez más precario". Agregó que, o bien la economía estadounidense se desacelerá sustancialmente o el crecimiento de otros países deberá aumentar a niveles "muy por encima de los actuales". Con bajas expectativas en ambos casos, los estrategas de UBS pronostican que el euro cotice a US$1,32 en seis meses y a US$1,40 en doce meses. No todos creen que el dólar peligre. Los estrategas del Bank of Tokyo-Mitsubishi dicen que el dólar se fortalecerá ahora que la Fed comenzó a elevar gradualmente las tasas de interés. Derek Halpenny, estratega del banco, dice que "a pesar de déficit récord, hay poca evidencia que el monto es difícil de financiar". Para Stephen Jen, economista jefe de moneda para Morgan Stanley en Londres, el enorme déficit de cuenta corriente es para el dólar más una "irritación" que un tendón de Aquiles. El experto reconoce que el déficit está muy por encima de los niveles históricos, pero argumenta que ello refleja la incapacidad del resto del mundo para crecer a los niveles de EE.UU., sobre todo la incapacidad de generar la suficiente demanda interna, algo que los obliga a depender de las exportaciones. |