LA INFLACIÓN SIGUE BAJO CONTROL, PERO LA ECONOMÍA TIENE MUY POCO DINAMISMO Diseñado para acabar con la hiperinflación, el Plan Real sobrevivió a varias crisis financieras internacionales aunque no pudo escapar a una devaluación y a la ayuda del FMI. El Plan Real, lanzado durante la presidencia de Itamar Franco por el entonces ministro de Hacienda de Brasil, Fernando H. Cardoso, cumple hoy diez años gozando de buena salud pero con señales de fatiga.
Aunque su propósito inicial fue acabar con varias décadas de inflación galopante (en 1993 se acercó a 4.000%), lo cierto es que el congelamiento de los rendimientos financieros y el control indirecto de cambios mediante altísimas tasas de interés resultó tan efectivo que a Cardoso le sirvió para ganar la presidencia en 1994 y ser reelegido en 1998. Su sucesor, Luiz Inácio Lula da Silva, uno de los más acérrimos opositores a su política económica, decidió continuarlo.
Su gran logro fue doblegar a la hiperinflación. Sus asignaturas pendientes son la abultada deuda pública y el bajo crecimiento económico.
La deuda pública –impulsada por las altas tasas de interés– pasó de 30% a 57% del PIB y las inversiones extranjeras directas, que crecieron con las privatizaciones de los años 90, están en declive. Según un reciente informe del Banco Central, la inversión extranjera directa (IED) en Brasil fue de 207 millones de dólares en mayo pasado, el menor valor en los últimos once meses y el más bajo para el quinto mes del año desde 1994.
Hay que tener en cuenta, sin embargo, que mientras la Argentina tiene prácticamente cero de IED, Brasil compite por ella con países de Europa del Este, China y México.
La buena noticia fue que el país registró un superávit récord de cuenta corriente de 1.480 millones de dólares en mayo, y se prevé un saldo positivo mucho más alto de lo esperado para el año, gracias a la fuerza de las exportaciones que crecieron 21% en 2003, y de enero a abril de este año ya se elevaron 30,5% respecto del mismo período del año anterior.
El gobierno espera que los esfuerzos del año pasado generen este año un crecimiento de al menos 3,5% del PIB y que a partir de ahí Brasil entre por fin en un ciclo de crecimiento sustentable.
Lula tendrá que seguir caminando en el difícil equilibrio de no aumentar el gasto para mantener tranquilos a los inversores de que podrá hacer los pagos correspodientes a la deuda de u$s 400.000 millones, y responder a la creciente presión tanto dentro como fuera de su partido para que afloje su política fiscal y abra un poco el grifo de las arcas del Estado para paliar la demanda social.
"La fatiga no es exclusiva de las franjas pobres de la población: la presión tributaria está en el techo, con 35% del PIB, mientras la inversión en infraestructura está en el piso, con un ridículo medio punto del PIB", afirmó Jorge Vasconcelos, investigador jefe de Ieral, de la Fundación Mediterránea. Aún así, Vasconcelos insiste desde hace varios meses que es "temerario" apostar contra Brasil, pese al proceso de subas de las tasas de interés que se inició en Estados Unidos.
Vasconcelos opina que el Banco Central podría flexibilizar su posición, aceptando una inflación algo superior a la meta para este año (5,5% en diciembre contra 9,2% a fin de 2003), y proseguir con la baja de la tasa de interés de referencia, la Selic, que hoy es de 16% anual.
Como sea, Lula es consciente de lo mucho que le queda por hacer para consolidar la viabilidad a larzo plazo del Real. Como señaló en Barcelona su asesor para asuntos internacionales, Marco Aurelio Garcia, en Brasil "no habrá equilibrio marcoeconómico sin estabilidad social" si no se logra incorporar 46 millones de brasileños pobres al sistema económico. |