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| Banqueros, de la excitación del consumo a la tentación del cambio de signo político |
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28/07 - 10:18 El Cronista |
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Por Julián Guarino - Dicen que el problema de resistir una tentación es que tal vez nunca vuelva a presentarse. Algo así, en clave intimista, es lo que inquieta a los principales banqueros argentinos. Con excepción de quienes ejercen funciones en el sistema financiero imbuidos por la teoría k, para estos ejecutivos de bajo perfil y mirada conservadora, este momento impar de la economía local puede hacer gala de ribetes celestiales: casi 4 millones de tarjetas de crédito se suman cada año a un mercado que trepa por encima de los 30 millones de plásticos; los riesgos de mora de sus clientes siguen en niveles bajísimos; tienen buenos retornos en materia de tasa de interés en los últimos 4 meses ganaron 12%; han triplicado sus carteras de crédito desde el 2003; también han tenido ganancias récord; y la inflación, más que un problema, es un incentivo a que su público consuman mediante financiación. Sin embargo, la contundencia del resultado electoral en la Ciudad de Buenos Aires y Santa Fe, pero, sobre todo, la poco confiable proyección que lanzaron anticipadamente las encuestas sobre esos escenarios electorales, alimentaron un costado nada conocido y menos publicitado de quienes comandan las naves financieras del sector privado. Por primera vez en mucho tiempo, comenzó a instalarse tibiamente en los cálculos de los hombres del sistema, la posibilidad de un cambio de signo político para después de octubre, allí donde siempre habitaron sutiles murmuraciones referidas a urgencias que el kirchnerismo debía atender, pero nunca la posibilidad de una mudanza de bandera. En rigor, el cambio opera en un sentido particular: no es que esperen decididamente un desenlace diferente al que habían previsto oportunamente, sino que señalan lo que ahora comienza a ponerse en evidencia, es que los pronósticos macerados al calor de numerosas investigaciones electorales podrían llegar a ser una ficción. La síntesis, la da un experimentado ejecutivo que conduce uno de los principales bancos locales: lo que cambió a partir de ahora no es que las consultoras sean menos creíbles, sino que, cuando se le consulta a la gente por anticipado a quién van a votar, el encuestado simplemente miente. Si bien en el sector existe un consenso sobre la evolución positiva de la economía argentina, y también gravita un reconocimiento a los aciertos del kirchnerismo en opinión de ellos más numerosos en el primer ciclo que en el segundo, de todas formas especulan (el verbo es excesivo) que, desde el punto de vista económico, existen cuestiones que es imprescindible atender aunque la línea final del balance corporativo de los bancos engorde en forma contundente a medida que pasan los años. Aquí se imbrica un argumento común: los alarma que en un proceso de crecimiento que ya lleva 7 años no haya podido sacarle al país la etiqueta de default, lo que, por ende, hace que la Argentina no pueda aspirar al grado de inversión. Esta es la meca que buscan las entidades, un logro que les acercaría la posibilidad de financiarse en los mercados del exterior a tasas atractivas, ergo, insumos más baratos. Precisamente ésta es una de las apuestas que les resulta tentadora: señalan que un cambio de bandera política en el futuro gobierno, incentivaría la caída de la percepción de riesgo por parte del mundo inversor. Mañana preocúpate de mañanaPara los banqueros, la sustentabilidad del negocio es una cuestión clave. Prueba de ello es que los ejecutivos protestan contra el alza de los precios y los ficcionados números del Indec, a pesar de que la inflación les trae más beneficios que problemas. Esto es así, porque el riesgo implícito a perder poder adquisitivo que genera el constante ajuste de algunos precios, y los nulos incentivos al ahorro que supone la existencia de tasas de interés negativas en términos reales, provocan que cada vez más argentinos se dejen tentar por el consumo, lo que lleva a demandar financiación. Si bien la mención de un plan contra el impuesto inflacionario brilla por su ausencia en la plataforma electoral del oficialismo, en los pasillos de algunas entidades bancarias cercanas al cristinismo, existe la convicción de que crecer con inflación no implica grandes riesgos, algo que comulga con la heterodoxia económica contemporánea. Para ellos, una inflación del 20% anual es una tentación de la que hay que huir despacio, para que pueda finalmente alcanzarlos... |
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