Por Fernando Gonzalez (Director Periodístico) - Todos los teléfonos importantes de la Argentina comenzaron a sonar el viernes temprano. Los tres días seguidos de tormenta financiera global y la trompada que la calificadora Standard & Poors le dio esa noche a los Estados Unidos al bajarle por primera vez en la historia la calificación de su deuda y sacarlo del exclusivo club de las economías Triple A le agregaron una cuota más de incertidumbre a las elecciones nacionales que comenzarán a definir el nuevo mapa del poder el domingo próximo.
Lo siente el Gobierno, que teme por un escenario parecido al de 2009, uno de los factores que contribuyó a la derrota de Kirchner en medio de la caída de las economías del planeta que terminó arrastrando -aunque en menor medida- a la Argentina. Pero la preocupación también alcanza a los principales candidatos de la oposición, quienes temen que el impacto local de esta nueva crisis dispare una reacción social a favor de lo malo conocido del oficialismo para protegerse de una eventual e inesperada inclemencia económica.
Llegó la hora de que Boudou deje la guitarra y se acuerde que es el ministro de Economía..., razonaba en las últimas horas un funcionario kirchnerista cuya sonrisa no podía ocultar el desasosiego que le produce la nueva situación. El Gobierno cree que la inflación y el parate de inversiones externas no tendrán incidencia electoral y cree tener controlada la ecuación energética con la provisión de gas por barco. Con eso y con la soja a u$s 500 evaluaba hasta este fin de semana contar con una fotografía económica y financiera más o menos benigna. Pero la severísima amonestación que los mercados le impusieron al frágil acuerdo legislativo entre la administración de Barack Obama y el Partido Republicano arroja una sombra muy negra sobre la economía mundial que amenaza llegar a la Argentina. Por eso es que, en los próximos días, Amado Boudou alternará mucho más su despacho de ministro con los escenarios donde promueve su candidatura a vice con canciones retro del rock nacional.
Del mismo modo, los candidatos opositores intentan predecir los cambios que el derrumbe de las bolsas del mundo puede introducir en el tramo final de la campaña. Estallan los celulares y las casillas de mails de Javier Gonzalez Fraga, de Martín Redrado o de Alfonso Prat Gay, para citar sólo a los economistas más destacados que integran los equipos de la oposición. Al igual que Boudou, todos ellos saben que el pesimismo global puede perjudicarlos o favorecerlos pero que cualquier efecto que produzca lo hará con extrema velocidad.
El domingo próximo, cuando se conozca el resultado de las primarias, se despejarán las dudas sobre si la Presidenta está en condiciones de ser reelegida con facilidad o si tendrá una disputa de final incierto con alguno de sus adversarios.
Ayer, Cristina tuvo en Córdoba otra fotografía amenazante para el primer examen que rendirá en siete días. El triunfo de José Manuel De la Sota, un peronista al que maltrató por haber elegido como vicegobernadora a una intendenta antikirchnerista, seguido por dos candidatos opositores muestra a la Casa Rosada a la defensiva, una tendencia electoral que se inició con las derrotas en Buenos Aires y Santa Fe. En este contexto, el terremoto financiero internacional de los últimos días no puede ser otra cosa que una muy mala noticia.