Por MARIANO GORODISCH - Mientras Wall Street cae en su cuarta semana seguida con pérdidas, el oro no para de crecer, al punto que ya llegó a los u$s 1.850 la onza.
Es que cuanto peores son las noticias económicas de los Estados Unidos y de Europa, más rápida es el alza del oro. Y lo que está aconteciendo ahora es recién la punta del iceberg, por lo que vemos una onza en u$s 2.500 para marzo próximo, diagnostica Juan José Piano, vicepresidente de Banco Piano.
A su criterio, las reformas nunca tardan menos de tres años, aunque si la situación es grave puede llegar a demorar entre cinco y diez años.
Esta situación trae aparejada bajas tasas de interés y, ante el pánico, la gente resguarda el dinero. Por lo tanto, el ahorrista se refugia en el oro, o bien en bienes inmuebles.
Muchos compran propiedades rurales, ya que los precios, medidos en dólares, aún estaban atrasados, mientras los commodities agrícolas gozan hasta el momento de buenos precios, ya que la Argentina compite a nivel internacional por clima y rendimiento de las hectáreas. De hecho, el valor de la tierra rural creció un 25% del 2010 al 2011 en varias provincias, describe Piano.
Este panorama provocó también un alza del oro, al punto que en el mercado doméstico ahora se comercializan unos 150 kilos diarios. Tomando un valor promedio de u$s 65.000 el kilo, el movimiento que genera es de u$s 10 millones, cinco veces más que a principios de año, cuando la expectativa de crisis no era tan grande como la actual.
De diez personas que vienen a invertir, dos se llevan algo de oro, mientras que a principios de año era una de cada veinte. Por otra parte, hoy el 20% de la cartera de nuestros inversores tiene algo de oro, mientras hace unos meses tenían sólo el 10%, revela Piano, quien comercializa 27 monedas de oro, entre las cuales sobresalen el mexicano y el chileno, lo que permite invertir en el metal por menos de u$s 500.
El año pasado muchos inversores compraron a u$s 800 la onza, por lo que ahora varios de ellos decidieron vender el 30% de su tenencia, para de esa forma duplicar el capital invertido, aunque dejan el otro 70%, dice Piano.
Fernando Pepe, gerente de Productos Cambiarios del Banco Supervielle, afirma que, los ruidos provenientes del Primer Mundo llevaron a la onza a valores que, siendo muy optimistas, recién esperaban para diciembre de este año. El pánico existente en el mundo lleva a los inversores a orientarse hacia lo tangible. En consecuencia, mientras Europa y los Estados Unidos no encausen su rumbo, el oro seguirá su tendencia alcista, indica Pepe.
El ejecutivo pone sobre la mesa el principal fundamenta de la suba: no hay más minas de oro, y dentro de diez años se terminará la producción de oro en el mundo.
El 70% ya se extrajo, y el 30% restante se encuentra en lugares a varios kilómetros por debajo de la tierra en países africanos como Togo o Costa de Marfil, donde hacer una inversión millonaria como la que se requiere no es tan sencilla.
Por lo tanto, se sabe que la oferta no va a aumentar, pero lo que sí aumenta, en cambio, es la demanda, y en forma constante.
El oro es como el sushi: hace diez años, la gente no sabía ni lo que era, y ahora pasó a ser una de las opciones más frecuentes en el menú, tanto a nivel gastronómico como a nivel del inversor, en especial a partir de los temores y dudas que generan las economías del dólar y del euro, describe Pepe.