El dólar recuperó algo de terreno frente al euro después de sufrir un serio revés el pasado viernes, debido a las decepcionantes cifras de creación de empleo en EE UU que publicó el Departamento de Trabajo. Mientras, el yen volvió a ceder posiciones frente a las principales divisas mundiales al conocerse que el partido que controla el Gobierno perderá apoyos en las elecciones a la Cámara Alta que se celebrarán este fin de semana. Con la ausencia de actividad en el mercado neoyorquino, el euro inició su andadura en las plazas europeas con la tendencia alcista que mostró en la jornada del viernes, cuando se aprovechó de la debilidad del dólar para situarse por encima de la cota de 1,23 dólares, por vez primera en las últimas tres semanas.
Sin embargo, los inversores decidieron deshacer posiciones muy pronto, coincidiendo con la publicación de los datos de actividad en el sector servicios de la eurozona, que volvió a evidenciar que el ritmo de recuperación de las economías europeas no es tan veloz como el exhibido por EE UU y Japón, lo que hace más complicado que el Banco Central Europeo (BCE) eleve los tipos de interés antes de final de año y secunde así tanto a la Reserva Federal como al Banco de Inglaterra.
Tras marcar un máximo intradía de 1,2336 dólares, el euro comenzó a desinflarse, aunque de forma moderada y escalonada, para situarse cerca del cierre de las plazas europeas en 1,2277 dólares, que estaba en el entorno de los mínimos intradía. El cambio oficial fijado por el BCE fue de 1,2288 dólares.
Mientras, el yen perdía terreno por tercera sesión consecutiva después de que la prensa local publicara una serie de encuestas en las que se reflejaba la posibilidad de que el partido que lidera el presidente del Gobierno, Junichiro Koizumi, pierda apoyos en las próximas elecciones a la Cámara Alta japonesa, que se celebrarán el próximo domingo.
La Bolsa de Tokio sufría un notable descenso por segunda sesión consecutiva. Las realizaciones de beneficios se imponen en el mercado nipón después de que los últimos datos macroeconómicos confirmaran el buen momento de la segunda economía mundial, lo que había llevado a los grandes inversores institucionales a apostar por el mercado nipón y, por lo tanto, a comprar yenes para operar en Tokio. El yen se situaba por encima de 109 unidades por dólar.