Por Francisco Olivera - El vuelco se parece bastante a los que suelen acompañar los pasos inaugurales de todo presidente. Y aunque esta vez los espera una casi segura reelección de Cristina Kirchner, un nuevo impulso de optimismo parece haber ganado a los empresarios. Lo volvieron a expresar ayer, en otro respaldo unívoco al Gobierno y al modelo económico, durante el encuentro del Consejo de las Américas, en el hotel Alvear. El desvelo por la inflación, la competitividad, la energía o el acceso al crédito, tan espontáneo y explícito en foros recientes, quedó solapado o en la periferia de elogios rebosantes. Quedó claro desde la apertura, con un detalle en el que casi nadie se detuvo. Carlos de la Vega, presidente de la Cámara Argentina de Comercio y uno de los organizadores, dio la bienvenida con un compendio de la recuperación argentina de los últimos años, pero situó su arranque en 2003, no en el tercer trimestre de 2002, como ocurrió. "Desde 2003, el producto se expandió ininterrumpidamente a una tasa promedio anual cercana al 8 por ciento", dijo, y lo mismo hizo con el alza del empleo privado, que ubicó en un 70 por ciento. Casi no hizo críticas, pero sí advertencias hacia adelante. "Creo que en esta nueva etapa será necesario dar un mayor impulso a la inversión privada, que, aunque ha crecido en los últimos años, aún parece insuficiente para sostener el actual ritmo de expansión en el largo plazo", sostuvo, y agregó que "esta nueva etapa requerirá un esfuerzo importante en competitividad, que ya no puede depender sólo del tipo de cambio. Es necesario continuar mejorando la infraestructura". Hubo más de 450 asistentes. Entre los empresarios, Eduardo Eurnekian, Alejandro y Bettina Bulgheroni, Juan Carlos López Mena, Ernesto Gutiérrez, José Ignacio de Mendiguren, Alfredo Piano y Federico Nicholson, junto a la anfitriona, Susan Segal. Del Gobierno expusieron el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández; los ministros Amado Boudou (Economía) y Débora Giorgi (Industria), y la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont. De la oposición, Ricardo Alfonsín, Alberto Rodríguez Saá y Hermes Binner. Asistió también el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti. "Me gustó el tono de Boudou", dijo De la Vega a LA NACION. Desacartonado y sonriente, el ministro había invitado al tiempo "de buscar soluciones novedosas, creativas". Volvió a culpar a las calificadoras de la crisis mundial y agregó que, "hasta 2008, toda la economía se pensaba articulada sobre el sistema financiero. Debemos hacer un giro y verla en torno del mercado laboral". Ernesto Gutiérrez eligió en cambio a Rodríguez Saá: "Me encantó el puntano. Su visión de país con expectativas, ilusiones, sueños. Por lo menos esbozó un futuro. Los otros de la oposición, en cambio, estuvieron retraídos en el momento de proponer una oferta". Gutiérrez fue de los pocos que hablaron de inflación, pero adujo que esta vez la ventaja era que no se originaba en el déficit de las cuentas públicas. "Ahora es producto del calentamiento de la economía y una estrategia de país: dijimos «Al mal tiempo, buena cara» y crecemos. Crecer al 9 por ciento sin inflación es imposible: prefiero eso y un aumento de precios del orden del 15 por ciento". López Mena se centró en América latina. "Toda la región va a seguir creciendo con mayor posibilidad de hacer exportaciones, no sólo en agricultura sino también de una Argentina completa, que tiene energía, petróleo, agua. Es importante que se sumen también los mercados de la región", dijo a la agencia Télam. El dueño de Buquebus coincidía así con Débora Giorgi y Marcó del Pont, que explicaron que el crecimiento no obedecía sólo al viento de cola y las materias primas. "La fortaleza del mercado local es motorizada por la política de Estado orientada a un proceso de sustitución de importaciones que es un camino a la industrialización", reforzó Giorgi. El fantasma del avance del Estado sobre las empresas, un miedo recurrente, estuvo ausente ayer. ¿Teme la "profundización del populismo"?, le preguntó un periodista de la revista Crisis a Eurnekian, acaso el más crítico de los presentes. Citaba la frase que, desde hace meses, provoca pavor entre empresarios y corresponde al viceministro de Economía, Roberto Feletti. "No creo que éste sea un país comparable con Venezuela -contestó el dueño de Aeropuertos Argentina 2000-. Ya hemos pasado por esa experiencia y no dio resultado. Hay que entender las idiosincrasias de cada país: no podemos copiar políticas de países sajones o China. No puedo hablar del resto, hablo de mi caso. El Gobierno no tiene una mentalidad estatista, sino dirigista, y eso sólo es negativo cuando se vuelve condicionante para el sector privado. Nadie conoce mejor cómo funciona la empresa que el empresario." Lo que sí inquieta al ex textil es la inflación: "Me preocupa, pero a la Presidenta también: de otro modo no habría intervenido en la negociación por el salario. Otra cosa es lo que dice, son políticos". ¿Qué hay que mejorar?, se le preguntó. "Inversión, inversión, inversión. No es fácil. Si se acuerda con el Club de París, va a evolucionar mucho", contestó.. |