TOKIO — Ahora que Japón parece estar dejando atrás problemas como la deflación y la cartera incobrable de los bancos, puede ser hora de preocuparse de algunos quebraderos de cabeza a largo plazo. Con una deuda del gobierno en circulación superior al 160% del Producto Interno Bruto, muy por encima de la de cualquier otra economía importante, los gobernantes japoneses han esperado durante mucho tiempo algún crecimiento económico con el que llenar sus debilitadas arcas estatales. Desde luego, ahora la economía está creciendo. Muchos economistas dicen que Japón se encamina este año hacia su mayor expansión desde 1990. El último pronóstico de Morgan Stanley es de una expansión del 5,2% del PIB en términos reales, o tomando en cuenta los cambios en los precios, que en el caso de Japón aún están descendiendo para el año calendario 2004. Incluso en términos nominales, que no toman en cuenta la deflación, la economía debería crecer un 2,9% este año con relación al año anterior, calcula Morgan Stanley. Eso es una buena noticia para el gobierno porque gran parte del problema de la deuda a largo plazo de Japón proviene de un descenso en la reacaudación de impuestos durante la década pasada. Los impuestos directos, que se componen principalmente de impuestos sobre la renta, empresariales y herencias, produjeron unos ingresos de alrededor de US$222.000 millones en el año fiscal que terminó el 31 de marzo de 2004. La cifra representa un descenso frente a los cerca de US$333.000 millones en el año que terminó en marzo de 1996, antes de que el alza en la tasa del impuesto sobre el consumo al 5% con relación al 3% en 1997 ayudara a impulsar los ingresos por impuestos indirectos. Aún así, la recaudación total de ingresos por impuestos del gobierno descendió aproximadamente US$402.000 millones durante este período, aunque el PIB aumentó. Este año, se prevé que la fuerte economía brinde un cierto alivio en materia fiscal. Sin embargo, el lado negativo del repunte en el crecimiento es el aumento de las tasas de interés, que hacen más caro que el gobierno financie sus préstamos. En particular, los economistas piensan que Japón se acerca al fin de la era de la deflación, unos cinco años de descenso en los precios que han obligado al banco central a adoptar una política monetaria ultra relajada. Por esto, el rendimiento en los bonos del gobierno japonés a 10 años, referencia del mercado, subió hasta un 1,94% a mediados de junio, desde una mínima récord de 0,43% doce meses antes. El rendimiento fue del 1,75% a última hora de la negociación en Tokio el lunes. Pero se espera que los rendimientos se empinen sobre el 2% antes del fin del actual año fiscal, en marzo de 2005. En una economía normal, el aumento en la recolección de impuestos gracias al crecimiento anula el mayor costo del dinero, de modo que no es un problema. No obstante, en Japón la situación fiscal es tan extrema que esto no funcionaría. Kunji Okue, economista de la oficina en Tokio de Dresdner Kleinwort Wasserstein, recientemente resumía las cifras de esta manera: Supongamos que la recuperación económica sigue por el buen camino, pero se enfría un poco tras el crecimiento inesperado de 2004, hasta registrar una expansión anualizada del 1,5%. Y suponga que el rendimiento de los bonos japoneses a 10 años aumenta al 2,5% de alrededor de 1,7% en la actualidad. A continuación, los ingresos impositivos aumentarían a US$470.000 millones con relación a US$401.000 millones –un aumento de US$69.000 millones– durante el período de 2004 a 2012. Pero los costos del servicio de la deuda subirían aún más —de US$8.300 milones a US$24.000 millones. El resultado sería un aumento en la relación entre el costo del servicio de deuda y los ingresos impositivos al 52% en 2012, con relación al 40,1% este año, lo que indica un descenso en la capacidad del gobierno para continuar el servicio de su deuda. En resumidas cuentas, dice Okue sobre el problema de la deuda de Japón: "Usted no puede esperar que lo resolverá el crecimiento por sí mismo". Cualquier solución tiene que incluir una aumento del impuesto sobre el consumo, dicen los economistas. Pero dichas alzas nunca han sido populares. La última empujó a Japón a sumergirse en una recesión a finales de los 90, y condujo a la renuncia del primer ministro que la introdujo. Junichiro Koizumi ya ha visto cómo descendía su nivel de popularidad al presionar para que se aprobara una ley de pensiones en el Parlamento, que obligará a los trabajadores a pagar cotizaciones más altas pero les brindará pagos inferiores tras su jubilación. La mayoría de los economistas confían en la palabra de Koizumi cuando repite que no aumentará el impuesto sobre el consumo mientras permanezca en el gobierno, lo que podría ser hasta que su mandato como líder del partido en el gobierno finalice en 2006. Pero después de eso, Japón puede esperar más restricciones. "El aumento de los rendimientos es probable que agregue urgencia a los esfuerzos para reducir el déficit", dice Richard Jerram, economista de ING Securities en Tokio. |