Que la Argentina logre acuerdos comerciales importantes de la mano de un presidente como Kirchner, que tiene la obsesión de desarrollar un capitalismo nacional al calor de la sustitución de importaciones y la obra pública, luce como una quimera total. Comerciar con el mundo implica que no sólo se abren nuestros potenciales socios sino también nosotros. Pero la Argentina pretende la típica "piolada" criolla de que los demás bajen sus aranceles a la importación mientras nosotros los subimos.
Después del desastre del default de la deuda y de los contratos con las privatizadas, no hacía falta ser un genio para darse cuenta de que la única alternativa de crecimiento sostenido que nos quedaba era el comercio con el mundo. Un tipo de cambio realista ya lo teníamos. Faltaba una muy fuerte baja de aranceles a la importación y posteriormente ponerlos a todos a una tasa uniforme. Sin embargo se optó por algo retrógrado que los países emergentes exitosos dejaron de hacer hace más de medio siglo. La sustitución de importaciones. El más reciente ejemplo es el conflicto comercial con Brasil por los productos de la línea blanca y los textiles.
El Gobierno no había puesto un pie en la tierra luego de su viaje a China diciendo de manera muy grandilocuente que fue "la misión comercial más importante de la historia" que ya estaba cerrando la economía para un montón de bienes que se comercian con Brasil. ¿El argumento? La invasión importada desde nuestro vecino que destruía producción local. Falso. Los sectores protegidos recientemente están enfrentando un boom de demanda interna, por lo que la importación desde Brasil en el peor de los casos no les permitía ganar todo el dinero que querían, pero nunca fundirlos y llevarlos a la ruina. Ahora van a conseguir la ganancia que calcularon en su momento, pero por izquierda, vía subas de aranceles a la importación o, lo que es lo mismo, con pérdidas de bienestar para los consumidores, que pagarán más caros todos los televisores, todos los lavarropas, todas las prendas de vestir, etc.
¿Por qué no invirtieron en más máquinas expandiendo la capacidad dado que enfrentan semejante aumento de demanda en vez de buscar la cuasirenta del aumento de aranceles? Conseguir ganancias extraordinarias a costa de los que no tienen poder de lobby como los consumidores ¿es el fruto de un capitalismo nacional con el cual se llena la boca medio Gobierno? Ya que estamos en épocas piqueteras de reclamos de planes sociales, leche, etc. ¿y si la gente reclama por el derecho a participar en las sobreganancias que los Pro Tejer van a tener a partir de ahora con la suba de aranceles, dado que es el consumidor el que las pagará de pleno?
Y si no estuviéramos en el medio de un boom de demanda de textiles y electrodomésticos y la importación brasileña pisara algunos "callos" de productores locales ¿qué? Sería absurdo pensar que una apertura por más pequeña que sea como el Mercosur no trae como consecuencia que ciertos sectores producen menos o eventualmente desaparecen. Abrirse al comercio internacional no es producir todo lo que se fabricaba antes y en mayores cantidades, dado que ahora hay un demandante más de todo lo que yo produzco. Implica especializarse en lo que uno mejor hace y dejar de hacer aquello en lo que es menos eficiente en términos relativos.
En aras de desarrollar un capitalismo de origen nacional estamos haciendo una política comercial amoldada y definida por "intereses concentrados" ( distintos a los que el Presidente tanto ataca) que pretenden que se abran mercados en el exterior para sus productos al mismo tiempo que mantienen a su merced al mercado doméstico con una economía bien cerrada.
Historia repetida
En el plano de las exportaciones el cambalache aperturista no es distinto que del lado de las importaciones. Si bien casi todos los partidos de origen populista han tenido un tufillo anti- rural, si hay uno que ha ido contra el campo, ése fue el peronismo. Empezó después de la Segunda Guerra Mundial por medio de la constitución del IAPI, que compraba a los productores a precio vil los granos que a nivel internacional se comercializaban a valores muy superiores. Así le extrajo al campo toda la renta de la tierra y la contrapartida fue desarrollar una industria sustitutiva de importaciones bien intensiva en mano de obra que pagaba salarios altos sin demasiado esfuerzo, porque los alimentos estaban baratos. Hoy, con los precios internacionales de la soja en niveles históricamente altos, tenemos retenciones a las exportaciones. De nuevo la misma y vieja historia gastada del IAPI.
Cada vez que ve al campo asomar la cabeza, se la dan. Sin embargo, el Gobierno anda por todos los rincones del mundo "llorando" por el proteccionismo agrícola como factor que impide el crecimiento sostenido, el pago de la deuda, bajar la desigualdad en la distribución del ingreso. Frente a esto los países del globo no entienden nada. ¿Cómo?, ¿se quejan del proteccionismo agrícola y ponen retenciones y además las extienden a los sectores del petróleo y amenazan a las harinas de mezcla también?
El autor es economista y socio de la con-sultora Espert & Asociados.