Por Martín Kanenguiser - El Banco Central de Brasil se prepara para recortar las tasas de interés mañana por el temor a una mayor desaceleración en la actividad económica, legitimando la percepción del mercado de que la inflación seguirá en un nivel alto y de que habrá una mayor devaluación del real. De hecho, ayer, después de ocho días de baja, el dólar subió 2,25% frente al cierre del viernes y se ubicó en 1,77 reales. El consenso de los bancos locales y de Wall Street anticipa que el recorte de la tasa de referencia (Selic) rondará entre 0,50 y 0,75 puntos básicos, frente al 12% vigente hasta ahora. Nadie duda de que el movimiento será descendente, pero las diferencias aparecen respecto de las proyecciones (algunos anticipan que seguirá bajando hasta colocarse en 9% y otros creen que rondará el 11% a fin de año) y sobre la interpretación política de estas bajas. IndependenciaLa preocupación del mercado es que, más allá de que la desaceleración económica es clara y, por lo tanto, justificaría una rebaja en los intereses, el Banco Central que maneja Alexandre Tombini estaría demasiado alineado con la estrategia del gobierno de Dilma Rousseff. Con alguna nostalgia por el ex presidente del BC Henrique Meirelles, los analistas creen que Tombini tiene una actitud de menor independencia respecto de la administración del PT. Según un informe de ayer del banco Itaú, el comité de política monetaria del Banco Central optará por una baja de 75 puntos básicos en la Selic, hasta dejarla en 11,25% anual y luego de la baja de 50 puntos de la reunión previa, que cambió el rumbo ascendente mantenido desde principios de año por la entidad. "Considerando las señales de debilidad del tercer trimestre, que le agregaron un riesgo de baja a la actividad económica aun antes de la desaceleración global, se disparará un ajuste monetario profundo que llevará las tasas al 9% a mediados del 12 por ciento", indicaron los analistas del Itaú. Desde Wall Street, el Bank of America-Merrill Lynch pronosticó una baja de 50 puntos y consideró que la entidad resaltará "los posibles efectos de la desaceleración global sobre la actividad económica doméstica, pero también de la creciente incertidumbre por la actual desaceleración liderada por factores domésticos", como la lucha entre el gobierno y el congreso por el control fiscal en la discusión del presupuesto 2012 y la brecha entre oferta y demanda de bienes en la industria. Un analista de otro banco de inversión indicó que si bien la tendencia global del gobierno seguía siendo acertada frente a la crisis global, tal vez las decisiones del BC estén resultado "demasiado apresuradas" al bajar la tasa de interés. Analistas más ligados al sector real afirman, en cambio, que la opción resulta inteligente para ponerle un piso a la desaceleración económica y creen que la Argentina no puede darse el lujo de manejar con tanta facilidad la política monetaria con un sentido contracíclico por la desconfianza del mercado local. "En Buenos Aires sólo cabe esperar más inflación", indicó a La Nacion un analista desde San Pablo, que prefirió hablar en forma anónima a pocas días de las elecciones presidenciales. Los analistas también están de acuerdo con que la inflación estará mucho más cerca del "techo" del programa de metas de inflación (6,5%) que del piso (4,5%) fijado para este año. Pasado mañana se conocerá la cifra mensual clave de la inflación (IPCA), tras los nervios registrados con el dato del mes pasado. Días atrás, Tombini dijo al diario Folha de S. Paulo que "la inflación va a retroceder en octubre y de ningún modo superará el nivel de septiembre", cuando llegó al 7,3 por ciento interanual. Se trató del registro más alto de los últimos dos años, pero los analistas prevén que baje un punto porcentual, pese a la salida de capitales registrada en los últimos meses que acelera la devaluación de la moneda. Mala noticiaItaú se jugó por una suba del 0,43% (frente al 0,53% de septiembre) como consecuencia de una baja en los precios de los alimentos, transporte y vestimenta. La "inflación núcleo" permanecería en el 6,2 por ciento anual. Esta inflación permite prever que el real se puede seguir depreciando con suavidad hasta una banda de 1,90-2 frente al dólar si no hay una caída fuerte del precio de las materias primas. En cambio, si estos productos se derrumban por la crisis global, es probable que aumente la volatilidad y el real caiga más, lo que sería una muy mala noticia para la competitividad de la Argentina. |