Por Luisa Corradini - PARIS.- In extremis, después de horas y horas de discusiones, esfuerzos, tensiones, debates, propuestas y amenazas, los líderes europeos lograron esta madrugada, en Bruselas, un acuerdo para salvar el euro y a la Unión Europea (UE) de la trampa mortal en que los colocó la crisis de la deuda. Sólo a las 3.30 de la madrugada (hora europea), los tres puntos fundamentales de la agenda se concretaron positivamente: la condonación voluntaria del 50% de la deuda griega por parte de los bancos, la necesaria recapitalización de éstos y el refuerzo del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF). Esa suerte de instrumento de garantía para países en dificultades, que actualmente cuenta con 440.000 millones de euros, cambiaría de naturaleza y podría totalizar un capital de alrededor de un billón de euros, que le permitiría intervenir en los mercados obligatorios primario y secundario a fin de ayudar a aquellos países. En el caso de los bancos, se estimaba que los más comprometidos recibirían líneas de crédito por un total de 106.000 millones de euros de aquí al 30 de junio de 2012, para reforzar sus fondos propios. La medida también prevé garantías públicas destinadas a permitir que los bancos obtengan financiación a mediano y largo plazo, sobre el modelo de las que funcionaron en 2008. Los jefes de Estado y de gobierno de la UE llegaron al acuerdo tras una larga noche de negociaciones en Bruselas, en una segunda cumbre que había sido convocada tras el fracaso del encuentro del domingo pasado. Una primera cumbre, que comenzó ayer a las 18.20 hora local, reunió a los líderes de los 27 miembros de la UE. Después de la cena, consagrada a acercar las posiciones divergentes, se inició un segundo cónclave, limitado a los dirigentes de los 17 países que integran la zona euro. Considerada como decisiva para el futuro europeo, esa cumbre excepcional estaba también obligada a resolver qué porcentaje condonar de la deuda griega. Pero cantidad de bloqueos subsistieron durante horas para cada una de las soluciones que podían resolver la crisis. Hasta altas horas de la noche, continuaron por ejemplo las negociaciones para lograr que los bancos borren "voluntariamente" de sus libros contables entre 50% y 60% de la deuda griega -unos 100.000 millones de euros- en vez del 21% acordado en julio. Ese esfuerzo de los bancos, una vez completado con un aporte de los países de la eurozona, debería alcanzar unos 100.000 millones de euros y permitiría reducir la deuda griega del 160% del PIB actualmente a 120% en 2020, un nivel juzgado sostenible. "Adoptamos una respuesta global, ambiciosa y creíble para la eurozona", anunció esta madrugada el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, al explicar algunos detalles del acuerdo. En un momento durante las difíciles negociaciones con los bancos, los representantes gubernamentales europeos comenzaron a alzar la voz, amenazando con echar mano a armas jurídicas "poco elegantes" e, incluso, provocar un default total de Grecia. La posición del sector financiero fue tan dura que Sarkozy, Angela Merkel y la directora del FMI, Christine Lagarde, fueron personalmente al encuentro de sus responsables a fin de arrancarles un compromiso. "El problema no es el monto de la quita, sino la seguridad de que los bancos continuarán después comprando deuda griega. Para aceptarlo, el mundo financiero exige garantías", explicó a este diario un banquero francés. También fueron conflictivas las negociaciones para definir el futuro del FEEF. Aunque gigantesca y suficiente para hacer frente a un default de Grecia, cuya deuda pública asciende a 350.000 millones de euros, la capacidad actual de ese instrumento (440.000 millones de euros) parece irrisoria en caso de contagio a un país como Italia, tercera economía de la zona euro. Pero la península no es el único foco de incendio inminente. La deuda pública de los cuatro países más frágiles de la eurozona (Italia, Grecia, Portugal y España) asciende a poco más de 3,1 billones de euros. Si se considera que un tercio de esa deuda podría estar perdido, serán necesarios entre 1 y 2 billones de euros para impedir una hecatombe en cadena que sumergiría al mundo en una nueva recesión de imprevisibles consecuencias. ¿Dónde encontrarlos? Varias opciones estuvieron en estudio: modificar la naturaleza del FEEF transformándolo en una suerte de aseguradora para los inversores; crear fondos especiales abiertos al Fondo Monetario Internacional (FMI) y a fondos soberanos extranjeros; continuar utilizando al Banco Central Europeo (BCE) para intervenir en los mercados. Todas parecen haber sido retenidas. Sarkozy y la Comisión Europea propusieron hace semanas que el BCE siga comprando títulos de la deuda de aquellos países en dificultad. Alemania se opuso. Merkel considera que los políticos no deben dictar a esa institución la conducta a seguir y repite que comprar deuda de los países miembros nunca figuró en el acta constitutiva del BCE. No obstante, el banco europeo seguirá actuando en los mercados obligatarios. Así lo anunció el futuro presidente de la BCE, Mario Draghi, antes de la cumbre. La ayuda de ChinaCuando comenzaron a estudiar los medios de ayudar a los países de la UE en dificultad, los líderes europeos decidieron que era necesario que el continente resolviera, solo, sus problemas. Pero, ¿cómo? Alemania no estaba dispuesta a seguir inyectando dinero en ese fondo, al que ya contribuye con 211.000 millones de euros, seguida por Francia con 158.000 millones. Con un euro al borde del abismo y el mundo que lanza advertencias cada vez más imperiosas, ese prurito parece haberse terminado ayer. Los líderes europeos reunidos en Bruselas decidieron ir a buscar el dinero necesario allí donde esté. Por ejemplo, en los países petroleros, en los grandes emergentes reunidos en el grupo de los Brics y, sobre todo, en China. Hace semanas que China manifestó su voluntad de utilizar parte de sus 3.3 billones de dólares de reservas para contribuir al reforzamiento del FEEF. El gigante asiático, que ya tiene 500.000 millones de euros de deuda europea y hace lo mismo con Estados Unidos, sabe que un derrumbe de la economía de la UE tendría terribles efectos sobre su propio futuro. Para analizar las modalidades de esa participación, el director del FEEF, Klaus Regling, llegará mañana a Pekín. Sarkozy debería hablar hoy telefónicamente con su par chino, Hu Jintao. Con Bruselas en pleno frenesí, todos los diplomáticos europeos reconocían anoche que la Unión ha dejado de ser suficientemente poderosa y sólida como para rechazar la ayuda exterior.. |